Lunes de Letras Especial: Festejamos en octubre a las madres…
Todos sabemos que en el mes de octubre, más precisamente el tercer domingo se celebra el «Día de la Madre» (en Argentina) y como no puede ser de otra manera, vamos a dedicarle este pequeño espacio a la persona que siempre está para nosotros… siempre!

«Mi madre me enseñó»
Mi madre me enseñó A VALORAR EL TRABAJO BIEN HECHO.
“Si se van a matar unos a otros, háganlo afuera. Acabo de terminar de limpiar”.
Mi madre me enseñó RELIGIÓN.
“Será mejor que recés para que eso salga de la alfombra”.
Mi madre me enseñó sobre VIAJAR EN EL TIEMPO.
“¡Si no te enderezás, te golpearé hasta mediados de la próxima semana!”
Mi madre me enseñó LÓGICA.
“Porque yo lo dije, por eso”.
Mi madre me enseñó MÁS LÓGICA.
“Si te caes del columpio y te rompes el cuello, no irás a la tienda conmigo”.
Mi madre me enseñó sobre MODIFICACIÓN DE CONDUCTA.
“¡Dejá de actuar como tu padre!”
Mi madre me enseñó PREVISIÓN.
“Asegúrate de usar ropa interior limpia si tenés un accidente”.
Mi madre me enseñó la IRONÍA.
“¡Seguí llorando y te voy a dar algo por qué llorar!”
Mi madre me enseñó sobre la ciencia de la ÓSMOSIS.
“Cerrá la boca y come tu cena”.
Mi madre me enseñó sobre los CONTORSIONISTAS.
¡Mira esa mugre que tienes en la nuca!
Mi madre me enseñó sobre la RESISTENCIA.
“Te quedarás ahí sentado hasta que se terminen todas las coliflores”.
Mi madre me enseñó sobre la HIPOCRESÍA.
“Si te lo dije una vez, te lo he dicho un millón de veces, ¡no exageres!”
Mi madre me enseñó sobre el CLIMA.
“Esta habitación tuya parece como si la hubiera atravesado un tornado”.
Mi madre me enseñó el CÍRCULO DE LA VIDA.
“Te traje a este mundo y puedo sacarte…”

“Poema a la madre” de Héctor Gagliardi
Yo fui medio consentido,
por ser el hijo menor,
y ya mi hermano el mayor,
me llamaba «el preferido».
Razones habrá tenido,
cada vez que me corría,
detrás de ella me ponía,
y ya estaba protegido.
Si mi padre me mandaba,
a la cama sin comer,
la veía aparecer,
haciendo que se enojaba,
y a escondidas me pasaba,
la parte mía en un plato,
y «en la próxima ¡te mato!»,
-me decía- y lagrimeaba.
Aquel delantal mojado,
de lavar en la pileta,
y que retorcía inquieta,
porque alguno había avisado,
que el hijo se había peleado,
con otro chico en la esquina,
y al rato yo aparecía,
con un ojo amoratado.
Me acuerdo lo que sintió
la vez del pantalón largo,
fue un momento muy amargo,
me miraba, me tocó,
decía: «cómo creció,
si ayer lo hacía dormir»,
y al quererse sonreír,
el llanto la traicionó.
Igual que muchos creí
que sabía demasiado,
por unos labios pintados
del lado de ella me fui,
y aquel día en que volví,
arruinado y amargado,
en vez de dejarme a un lado,
se puso a rezar por mí.
Cómo castiga la vida,
cómo traiciona la gente,
cómo se dobla la frente
por un plato de comida,
no hay uno que no te pida
su parte por un favor,
y se calcula el valor
que pueda tener tu herida.
Solo ella,… ella comprende,
el dolor de tu mirada,
porque su vista cansada,
desde chico nos entiende.
Solo ella te defiende,
porque sos su misma sangre,
y solo te da una madre,
la amistad que no se vende.
Yo quería hacerle versos
como ella merecía,
¡Los empecé tantas veces!,
y no salgo del comienzo,
es que a una madre, yo pienso,
¿qué se le puede escribir?
solo se puede decir
en la ternura de un beso.
El autor de esta hermosa poesía fue un argentino nacido en Buenos Aires en el año 1909. Estuvo muy ligado al mundo del tango, género del cual fue letrista y recitador. Su obra poética es abundante, se destaca su lenguaje sencillo y barrial.

Entre retos, consejos, advertencias, abrazos y ese talento para saber exactamente cuándo habíamos hecho una macana… mamá nos enseñó casi todo.
Hoy, que tengo mis propios recuerdos guardados, entiendo algo: las madres guardan cosas que para los demás no significan nada.
- Un dibujo torcido.
- Una carta llena de faltas de ortografía.
- Una foto movida.
- Un diente de leche.
- Una manualidad hecha con cartón.
- Un papelito que dice “te quiero, mamá”.
Los guardamos durante años porque no estamos guardando papeles: guardamos versiones nuestras que el tiempo se llevó. Y quizás eso sea ser mamá, mirar algo que para cualquiera es apenas un dibujo… y ver ahí, para siempre, a esa criatura que un día dijo:
“Mamá, mirá.”
Por eso, este «Día de la Madre» queremos abrazar también a quienes no pueden decirle “feliz día” a su mamá. Porque hay ausencias que no borran el amor. Al contrario. A veces, cuando mamá ya no está, entendemos finalmente tantas cosas que nos dijo. Y entonces aquella frase que parecía una advertencia…
“Dame bolilla ahora, que cuando no esté vas a entender…”
se convierte, muchos años después, en una de las formas más extrañas y más tiernas que tuvo para decirnos: “Te estoy cuidando.”
A todas las mamás. A las que están, a las que están lejos, a las que viven en nuestros recuerdos y a todas las mujeres que alguna vez ocuparon ese lugar inmenso en la vida de alguien.
Feliz Día de la Madre 💜💜💜.
Y que nunca nos falte una mamá para decirle: “Mamá, mirá.”
Mi madre me enseñó… todo y más!
Gracias…
Pero sinceramente, qué hacemos si no está nuestra madre…
Así que a todas las madres del mundo, les deseamos feliz día y una vida eterna!!!


