5 de octubre ~ Día del Camino y de la Educación Vial (en la historia)

En Argentina, el Día del Camino y de la Educación Vial se celebra el 5 de octubre. Esta fecha conmemora el Primer Congreso Panamericano de Carreteras que se realizó en Buenos Aires en 1925, y tiene como objetivo promover el respeto a las normas de tránsito y la importancia de la construcción y el mantenimiento de rutas para el desarrollo del país. 

Fue un hito que sentó las bases para conectar toda América por tierra. Sin embargo, guardó una ironía histórica digna de mención: la República de Panamá estuvo ausente en el corazón del debate vial.

¿Qué pasó? En ese momento, Panamá se encontraba en medio de tensiones políticas y diplomáticas muy complejas tras su separación de Colombia y la fuerte influencia de los Estados Unidos sobre la zona del Canal. Aunque el ideal era trazar la famosa Carretera Panamericana para unir el norte con el sur, el país que representaba geográficamente el «puente del continente» no envió delegados técnicos activos a las comisiones principales de diseño de rutas del congreso. Así, el congreso que buscaba el «panamericanismo» vial se inauguró con la llamativa paradoja de no contar con el país que unía físicamente a las dos Américas.

Para celebrar este día, nos proponemos viajar en el tiempo y recordar a quienes transitaron el antiguo «Camino del Virreinato». Hace poco conversábamos con un amigo, profesor de historia, sobre los mojones de la Avenida General Paz (un tema que ya tocamos en el blog) y la charla nos llevó directo hacia el viejo Camino Real (Qhapaq Ñan, que en quechua significa “camino principal”). Esta ruta conectaba el puerto de Buenos Ayres con Potosí y Lima. Para adentrarnos en esta verdadera epopeya, investigamos a fondo el sistema que hacía posible estos viajes: «las Postas».

El 14 de mayo de 1514, el rey Fernando el Católico hizo firmar una Cédula Real a su hija Juana I («la Loca») para nombrar a perpetuidad como Correo Mayor de Indias al doctor Lorenzo Galíndez de Carvajal. Este privilegio, confirmado luego por Carlos V en 1525, permitió a la familia Carvajal monopolizar el servicio por más de dos siglos.

El correo oficial llegó a Buenos Aires en 1748.

Los caminos por los cuales viajaban estos despachos se denominaron «carreras de postas». Antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, nuestro territorio dependía directamente de Lima, ubicada a miles de kilómetros. Para acortar estas distancias, se consolidó una red vial que unía los centros urbanos más importantes: Buenos Aires, Santiago de Chile, Potosí y Lima.

En la segunda mitad del siglo XVIII, el rey Carlos III institucionalizó formalmente este sistema de postas para permitir el recambio de caballos y el descanso de los viajeros, un modelo que subsistió hasta el advenimiento del ferrocarril.

Captura pantalla de la revista de Historia Bonaerense. 
(Ya no está disponible para leer online).

Tiempos y distancias: La Argentina a caballo

Suele decirse que «la Argentina se hizo a caballo», una frase que cobra sentido al revisar la vida cotidiana y los desafíos que enfrentaban los viajeros en la época de los caminos de las Provincias Unidas del Río de la Plata..

En aquel entonces las distancias se medían en leguas (la legua de posta equivalía aproximadamente a 4 km o 4,8 km según la región). Bajo esta métrica, las distancias eran impactantes:

  • Buenos Aires a La Quiaca: 475 leguas (aprox. 1.900 km).
  • La Quiaca a Lima: 530 leguas (aprox. 2.100 km).

¿En cuánto tiempo se podía recorrer ese larguísimo trayecto?

Medio de transporte Rendimiento diario Tiempo estimado (Bs. As. a Lima)
A caballo (jinete particular) 8 leguas por día 4 meses
En carreta (hasta Jujuy y luego mula) 4 leguas por día 8 meses
Chasqui (correo exprés a caballo) 30 leguas por día 30 a 40 días

Las cifras variaban de acuerdo con las condiciones climáticas y el medio de transporte. Este tiempo extraordinario para la época sólo se pudo lograr por la existencia del Camino Real.

Las cuatro grandes arterias del Virreinato

Instituido formalmente en 1663 por el gobernador José Martínez de Salazar, el sistema del Camino Real contaba con diferentes vías principales:

El Camino Real fue instituido en 1663 por el gobernador del Río de la Plata José Martínez de Salazar y tenía dos vías principales, el Camino Real del Perú que seguía en líneas generales el itinerario de la Ruta 9 (Panamericana) y el Camino Real del Oeste en dirección a Cuyo y que recorría un trazado similar a la Ruta 7. También existía un tercer camino, que empalmaba por la antigua Ruta 8. Y un cuarto camino, el más peligroso, hacia el sur que iba a Magdalena y Chascomús (Ruta 2).

El «Camino Viejo» a Córdoba: Al principio, el trayecto hacia Córdoba salía de Buenos Aires hacia San Isidro y cruzaba el río Las Conchas (hoy Río de la Reconquista) en el histórico Paso Morales —ubicado en los actuales límites de Campo de Mayo y Hurlingham—. Luego continuaba hacia Pilar y Santa Fe, costeando el Paraná, hasta torcer al oeste hacia Córdoba. Debido a los constantes pantanos del río Reconquista, el gobernador Martínez de Salazar clausuró oficialmente esta ruta en el año 1663, obligando a los viajeros a tomar el «Camino Nuevo».

La vida en las postas: Oficios y reglamentos

Las postas eran establecimientos austeros construidos de piedra, adobe y paja, ubicados a una distancia de entre 4 y 8 leguas entre sí. Aunque las normativas exigían comodidades, muchas eran tan precarias que los viajeros preferían dormir bajo las carretas para evitar los insectos.

A lo largo de los años, el servicio se fue regulando a través de leyes clave:

  • 1762: Se dicta la Ordenanza de correos, caminos y postas, fijando las primeras localizaciones oficiales.
  • 1791: Manuel de Basavilbaso, Director de Correos de Buenos Aires, redacta un pormenorizado Reglamento de Postas que definió los roles fundamentales del servicio.

– El Maestro de Posta

Era un cargo de gran prestigio y consideración social, desempeñado por vecinos cultos y con recursos económicos. Debía saber leer y escribir para controlar los pasaportes y hojas de ruta de los viajeros. Como privilegio, estaban exentos del servicio militar de milicias.
Su obligación principal era mantener un mínimo de 50 caballos propios o ajenos y garantizar que el recambio de animales no superara los 4 minutos de día y los 6 minutos de noche.

 

Por Orden del Administrador General de Correos de Buenos Aires don Manuel de Basavilbaso,
de la cuál dependía Montevideo se ordena poner ese aviso de nuevas postas en nuestro territorio. 
(Que comunicarían la campaña con Buenos Aires y otras Provincias hasta Asunción del Paraguay.

 

– Los Postillones

Eran jóvenes subordinados que actuaban como «punta de lanza». Su función era guiar y acompañar a los jinetes a caballo hasta la posta siguiente y luego regresar con los animales. El reglamento les exigía cabalgar siempre por delante y a la vista de los viajeros para asistirlos ante cualquier caída o accidente.

– Capacidad de carga y tarifas

La logística de la época dependía de los animales: una carreta tirada por bueyes cargaba hasta 1.500 kg, mientras que una mula transportaba 150 kg. Los traslados se hacían en grandes caravanas (el Ejército de los Andes, por ejemplo, llegó a utilizar 10.000 mulas).

Las tarifas comerciales estaban estipuladas por el reglamento:

  • Caballos de propiedad del Maestro de Posta: 2 pesos por legua (silla) y 4 pesos (tiro). Los viajes del Estado pagaban la mitad.
  • Caballos ajenos: Se cobraba la mitad de la tarifa anterior.
  • Postillones: Cobraban 4 reales por legua de acompañamiento.

– Evolución hacia la modernidad

Con el tiempo, el servicio se agilizó gracias a las empresas de mensajerías (las galeras de transporte de pasajeros), destacándose hacia 1866 la empresa «Las Mensagerías Argentinas». Previamente, en 1826, durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, el servicio fue nacionalizado bajo el nombre de «Dirección General de Correos, Postas y Caminos», quedando a cargo de Juan Manuel de Luca, quien rigió el organismo durante 32 años.

 

 

Mapa de postas del Virreinato del Río de la Plata
realizado por Manuel de Basavilbaso, 
Administrador de Correos en 1785.

 

Postas que marcaron la historia argentina

A continuación, repasamos los principales hitos y parajes históricos que aún hoy se recuerdan o conservan a lo largo de los antiguos trazados:
– En el Camino Real del Oeste (Hacia Cuyo y Chile)

Este recorrido era conocido como el «Camino Real del Oeste» y comenzaba en la actual Avenida Rivadavia en Buenos Aires, adaptándose al curso de los ríos para garantizar el agua de los animales. Cobró enorme relevancia a partir de 1776 con la integración de Cuyo al Virreinato, impulsando el engorde de ganado y el comercio.

  • Posta del Retamo (Junín, Mendoza): Ubicada cerca de la actual plaza departamental, en 1814 ocupaba un gran predio de 1.500 m². Se ubicaba frente a un manantial en un camino que originalmente era un espeso colchón de arena.
  • Otras paradas clave de la ruta: Rodeo del Medio, San Roque, Palmira, Las Ramadas (Rivadavia), Las Catitas, La Dormida, Corocorto (La Paz) y el cruce del Río Desaguadero hacia San Luis.

– En el Camino Real del Perú o «Camino de la Historia» (Hacia el Norte)

Este eje conectaba Córdoba con el Alto Perú y fue escenario de los acontecimientos más importantes de nuestras guerras de Independencia y civiles. El historiador Luis Calvimonte destaca que la traza original del norte cordobés repitió el camino abierto en 1573 por el fundador Jerónimo Luis de Cabrera.

  • Misión Jesuítica y Posta de Caroya (Córdoba): Antigua estancia de la Compañía de Jesús (1616). En 1814, el brazo independentista la transformó en la primera fábrica de armas blancas del país. Hoy es Museo del Inmigrante y Monumento Nacional.
  • Misión Jesuítica de Jesús María y Posta de Sinsacate (Córdoba): Establecimiento utilizado por los jesuitas que cuenta con una capilla histórica y habitaciones para viajeros. Allí se velaron los restos de Facundo Quiroga.
  • Barranca Yaco (Córdoba): Paraje cercano a la posta Los Talas donde el 16 de febrero de 1835 fue emboscado y asesinado el caudillo riojano Juan Facundo Quiroga por orden de los hermanos Reinafé.
  • Posta Los Talas (Córdoba): Asentada en tierras coloniales de la familia Cabrera, conserva el algarrobo histórico donde descansó el General José de San Martín.
  • Posta de Macha (Córdoba): Fundada en 1809 en tierras que pertenecieron al cacique Macha; vio pasar a los ejércitos libertadores, unitarios y federales.
  • Villa de Tulumba (Córdoba): Antiguo centro comercial colonial fundado en 1675. Su iglesia (1882) fue bendecida por Fray Mamerto Esquiú y resguarda joyas barrocas de la Compañía de Jesús.
  • Posta de Inti Huasi (Córdoba): Su nombre significa «Casa del Sol» en quechua. Contaba con corrales y una pequeña capilla dedicada a la Inmaculada Concepción.
  • Postas de San Pedro Viejo y San Pedro Norte (Córdoba): Tierras coloniales de Pedro Luis de Cabrera (1602). San Pedro Viejo llegó a albergar 10.000 mulas y hospedó al General Manuel Belgrano mientras buscaba alivio para su hidropesía. Conserva su capilla y la valiosa talla de «San Pedrito» del siglo XVII.
  • Posta Las Piedritas y Pozo del Tigre (Córdoba): En la posta de Pozo del Tigre (cuyo dintel data de 1771) se redactó el informe de la captura del exvirrey Santiago de Liniers en 1810, tras fracasar la contrarrevolución de Córdoba. Liniers fue apresado físicamente en la vecina posta de Las Piedritas antes de su fusilamiento en Cabeza de Tigre. En la zona también halló la muerte el caudillo entrerriano Francisco Ramírez.
  • Posta de Yatasto (Salta): Célebre finca y estancia ganadera (citada en las crónicas coloniales de Concolorcorvo). Durante la Guerra Gaucha y de la Independencia, sirvió de cuartel para ejércitos enteros. Pasó a la historia por el célebre encuentro entre los generales Manuel Belgrano y José de San Martín (aunque investigaciones históricas detallan que el traspaso de mando militar ocurrió en la posta de Algarrobos, 70 km más al norte, el 17 de enero de 1814).

💡 Curiosidades: Los secretos ocultos del «Camino Real»

Para cerrar nuestro viaje al pasado, seleccionamos cuatro «perlitas» de las crónicas coloniales —como el famoso diario El lazarillo de ciegos caminantes del año 1773— que nos muestran el lado más humano, peligroso y sorprendente de la vida en las postas.

1. El secreto del cuerno y el origen del «Chasqui»

Aunque asociamos al chasqui con el Imperio Inca, el correo virreinal adaptó esta figura al galope criollo. Los chasquis coloniales llevaban colgado un corno de caza o corneta de metal. Cuando se aproximaban a una posta, empezaban a tocarlo con fuerza desde un kilómetro antes.

  • ¿Por qué tocaban la corneta? Era la señal de alarma para el Maestro de Posta. Al escuchar el sonido, sabía que tenía los minutos contados para ensillar los caballos de refresco. Si el chasqui llegaba y los animales no estaban listos, el Maestro recibía severas multas económicas por retrasar el «Servicio de Su Majestad».

2. El «Manual de Supervivencia» de Concolorcorvo

Alonso Carrió de la Vandera, un inspector real que viajó de Buenos Aires a Lima organizando las postas bajo el seudónimo de Concolorcorvo, escribió una especie de guía de viaje de la época (1773). En sus apuntes dejó advertencias insólitas:

  • Preprecariedad absoluta: Detallaba que en las postas de Santa Fe y Córdoba la hospitalidad era tan básica que los viajeros preferían dormir en el suelo pelado antes que sufrir a las pulgas.
  • Postillones pícaros: Advirtió que los postillones (que solían ser adolescentes de entre 12 y 16 años) eran sumamente burlones. Si el viajero no les daba una buena propina, eran capaces de «perderse» a propósito en medio de la pampa o galopar en círculos para exigir más dinero.

3. Fortalezas anti-malones y «cajas fuertes» coloniales

En la inmensidad del territorio, la posta no era solo un establo; a menudo se convertía en la única estructura protegida en cientos de kilómetros a la redonda.

  • Arquitectura militar: Sus paredes de adobe no eran comunes: medían casi un metro de espesor y las ventanas eran apenas estrechas hendiduras (aspilleras) para disparar. Ante el aviso de un malón o de bandidos, la posta se transformaba en el refugio de todos los vecinos de la zona.
  • Bancos de la pampa: Como las carretas transportaban la plata extraída de Potosí, muchas postas estratégicas de Córdoba y Santiago del Estero contaban con sótanos ocultos y «cajas de tres llaves» de hierro para proteger los caudales.

4. Pelajes bajo la lupa: La desconfianza hacia los overos

El Reglamento de Postas de 1791 revela un detalle logístico muy curioso: los Maestros de Posta evitaban ciertos pelajes de caballos para las largas jornadas de las «carreras».

  • Los caballos overos (manchados) o de pelajes muy claros eran mirados con desconfianza. Los arrieros de la época sostenían que su piel clara bajo el pelo los hacía más propensos a sufrir mataduras (heridas por la montura) bajo el sol ardiente y, además, los volvía demasiado visibles para los depredadores o los indígenas durante las noches pamperas. Preferían, sin dudarlo, los zainos o los tostados.

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