La Educación en el Virreinato del Río de la Plata
En los primeros años del Virreinato del Río de la Plata, la Educación estuvo esencialmente centralizada en la escolaridad primaria, la cual era impartida predominantemente por las órdenes religiosas —principalmente franciscanos, dominicos y, más tarde, jesuitas—. Este modelo se basaba en la evangelización y en la imposición del idioma español con carácter obligatorio.
El Precio de Enseñar en la Tierra Nueva
Detengámonos un instante ante las polvorientas Actas Capitulares del Cabildo de Santa Fe, pues allí, en el corazón del siglo XVI, reside una verdad tan rotunda como incómoda: los maestros nunca ganaron bien.
La historia de nuestra educación no comienza con una cátedra solemne, sino con un pleito. Conozcan a Pedro de Vega, el primer maestro registrado del Río de la Plata en 1577, un laico en una época donde la enseñanza era monopolio del hábito. Su gesto fundacional no fue dictar una lección, sino intentar marcharse.
Las Actas son crudas: Pedro de Vega, agotado por la falta de pago y la miseria de la joven ciudad, quiso emigrar. ¿Y qué hizo la autoridad civil? Reconoció su valor. No con un sueldo, sino con una prohibición. La ciudad no podía permitirse que los hijos de los vecinos quedaran sin aprender a leer, a escribir y la doctrina. Así, el Cabildo lo obligó a permanecer, bajo la amenaza de una multa de doscientos pesos castellanos. ¡Un escarnio! La sociedad declaraba al maestro esencial, pero lo condenaba a la precariedad. El servicio era vital; el salario, ínfimo.
Esta condena a la subsistencia se replicó. En Corrientes, en Buenos Aires… El maestro Francisco de Vitoria también luchó por un arancel exiguo. Mientras los jesuitas levantaban colegios monumentales como La Inmaculada —con el respaldo de su Orden y sus bibliotecas de miles de volúmenes— el maestro secular, el hombre de las primeras letras, era un profesional en perpetuo riesgo económico, forzado a depender de la caridad o de la coerción.
Y es que el sistema era dual: arriba, la educación elitista en latín, el Derecho y la Teología, reservada para los ‘hijos patricios’ en Chuquisaca o Córdoba. Abajo, para la gran mayoría, la enseñanza básica y memorística, marcada por la exclusión de las castas y la limitación para las mujeres. La fundación de la escuela pública de Vega, en ese contexto, no fue un logro de la Ilustración; fue un acto de necesidad desesperada del Cabildo.
Así, la figura del maestro colonial es una paradoja. Es el pilar sobre el que se alzó la alfabetización de la Tierra Nueva, pero es también la primera víctima registrada de la indiferencia económica. La historia de Pedro de Vega es, en esencia, la primera denuncia laboral de la docencia argentina. Una denuncia que, tristemente, resonaría por siglos.

A través del Acta Capitular perteneciente al día 13 de mayo de 1577 se conoce la existencia del primer maestro del Río de la Plata, pues Buenos Aires aún no había sido fundada.
Tal era la especial preocupación de los habitantes de la ciudad por el posible hecho de que sus hijos pudieran quedar privados de la educación que el maestro Pedro de Vega les impartía. En las actas capitulares del Cabildo de Santa Fe, conservadas en el Archivo General de la Provincia, el día 21 de mayo de 1577 quedó asentado en el folio *I-1-1/F.13, lo siguiente:
Ante la rebelión de naturales y la marcha de muchos pobladores, el procurador solicita no se conceda licencia para ausentarse de la ciudad a ningún español, formulando la misma petición para Pedro de Vega, el único maestro existente en la ciudad.
Luego a folio 13 v, dice:
Los cabildantes hacen lugar a la petición del procurador, solicitando al teniente de gobernador que niegue la licencia para salir de la ciudad a su vecino. Igual medida se solicita para el maestro Pedro Vega. El teniente de gobernador accede a la solicitud de no dar licencia para salir de la ciudad a persona alguna, disposición que incluye al maestro Pedro de Vega, bajo multa de 200 pesos castellanos.
Don Pedro de Vega fue el primero que enseñó a leer y escribir en la región del litoral fluvial y era tan necesaria su presencia en el medio, que el Cabildo, sabiendo que el maestro quería irse de la ciudad, le prohíbe abandonar el suelo. Pedro de Vega enseñaba también la doctrina cristiana y creó la Escuela de las Primeras Letras en la Vieja ciudad.
En 1585 los jesuitas llegaron a Santiago del Estero y en 1587 a Córdoba. En 1588 llegaron a Misiones los que posteriormente fundaron las Misiones jesuíticas guaraníes.
El 9 de enero de 1590, se registra en folios *I-1-1/I-F.103-I-1-1/I-F.103v del acta capitular del Cabildo de la Ciudad de Santa Fe, la siguiente donación:
Se hace donación al padre Armiño, de la compañía de Jesús, de dos solares pertenecientes a Diego Bañuelos, con la obligación de que levantaría iglesia y convento, designándose tasadores al regidor Simón Figueredo, en representación del cabildo, al factor Juan de Torres Pineda, por Su Majestad, y a Domingo Vizcaíno como administrador de Diego Bañuelos.

El Claustro, el Cabildo y la Pobreza del Saber
Nos hemos detenido en Pedro de Vega, el maestro forzado a permanecer en Santa Fe en 1577, la primera víctima de la precariedad económica, pero la historia de la docencia en la Tierra Nueva es una trama tejida con muchas más figuras, laicas y religiosas.
Mientras la incipiente escuela de Vega en Santa Fe se convertía en el faro de la enseñanza laica, en otras partes del litoral surgían figuras paralelas que intentaban emular ese modelo municipal. Corrientes, por ejemplo, fue pionera poco después al nombrar en 1603 a Ambrosio Acosta. Acosta representaba una rareza: un hombre de importante posición económica, escribano y regidor, que aceptaba el magisterio. Su caso demuestra que, a falta de un sueldo digno, la enseñanza laica a menudo dependía de la vocación o el estatus social de quienes ya no necesitaban de la mísera paga del Cabildo para subsistir.
Dos años más tarde, la noble ciudad de Buenos Aires tuvo a su primer maestro, Francisco de Vitoria (o Viniora), quien recibió permiso en 1605 para cobrar su arancel de uno o dos pesos. Pero hasta en la capital, la sucesión fue una prueba de inestabilidad: Felipe Arias de Mansilla lo reemplazó, con un sueldo aún más ridículo de cuatro pesos y medio anuales. La lista de maestros laicos es corta, precaria y luchadora.

La Impronta Ineludible de la Iglesia
Sin embargo, no podemos obviar que la verdadera estructura educativa la proveyó el clero. Las órdenes religiosas eran los únicos actores que contaban con la preparación, el nivel pedagógico y los recursos para sostener la enseñanza de manera estable. Durante la gobernación de Hernandarias (a partir de 1596), se intentó fundar escuelas no jesuíticas, con unos 150 alumnos, pero eran los religiosos quienes marcaban el ritmo.
El cénit de este sistema fue el Colegio de la Inmaculada Concepción en Santa Fe, fundado por los jesuitas alrededor de 1610, considerado el primer colegio del país. Y no olvidemos que la Compañía fundó el antecedente del Colegio Nacional de Buenos Aires. Los jesuitas no solo enseñaban; acumulaban saber. Su expulsión en 1716, por la política regalista borbónica, fue un desastre cultural. En Santa Fe, la pérdida de su colegio y la confiscación de su biblioteca de más de 4,000 volúmenes dejaron un vacío de educadores y de conocimiento que la autoridad civil tardaría décadas en intentar llenar.
El Intento Tardío del Estado
Fue solo en la segunda mitad del siglo XVIII, bajo la influencia de la Ilustración, que el poder civil intentó seriamente asumir el rol educativo que el Cabildo santafesino había iniciado de forma tan precaria con Pedro de Vega. La política borbónica buscó recortar la influencia de la Iglesia y aumentar la participación estatal. En Santa Fe, es hacia 1774 cuando el poder civil finalmente asegura el desempeño permanente de maestros, como lo fue Pedro Tuella, poeta y primer historiador rosarino.
Pero la enseñanza seguía siendo básica. El destino de cualquier ‘hijo patricio’ que aspirase a la educación superior no estaba en estos maestros; estaba obligatoriamente en las universidades de Córdoba o Chuquisaca. El camino del conocimiento avanzado siempre apuntó hacia el exterior, dejando a los maestros de las ‘primeras letras’ como héroes locales, pioneros del saber popular, pero condenados a la pobreza y a una lucha constante por su reconocimiento.

🏛️ Pioneros en Educación
1. Pedro de Vega: El Primer Laico (Santa Fe, 1577)
- Rol Histórico: Reconocido unánimemente como el primer maestro laico con registro documental en el Río de la Plata (actual territorio argentino). Inauguró la tradición de la escuela municipal o pública elemental.
- Su Labor: Ejerció en Santa Fe apenas cinco años después de la fundación de la ciudad (1573). Enseñaba la doctrina cristiana y las primeras letras (leer y escribir), usando métodos muy rudimentarios de la época, posiblemente una mesa de arena o pizarras.
- Relevancia Institucional: Su historia destaca la prioridad civil que el Cabildo santafesino dio a la educación. La decisión de prohibirle la salida (bajo pena de 200 pesos castellanos) para evitar que los niños quedaran sin instrucción subraya que, aunque la educación en general dependía de la Iglesia, la autoridad civil ejercía una vigilancia directa sobre la presencia del maestro.
- Destino Final: No se conoce mucho más de él después de su renuncia por falta de pago, pero su figura es el pilar de la tesis sobre el pionerismo educativo santafesino.
2. Francisco de Vitoria: El Maestro Porteño (Buenos Aires, 1605)
- Identificación: Es crucial distinguirlo de su homónimo, el famoso fraile dominico y teólogo español (fundador de la Escuela de Salamanca, fallecido en 1546). El maestro de Buenos Aires era un laico que inició su labor en 1605.
- Contexto en Buenos Aires: Apareció en los documentos pidiendo al Cabildo porteño la oportunidad de enseñar. Su permiso le fue concedido en 1605, pudiendo cobrar aranceles por sus servicios (un peso por leer; dos por leer, escribir y contar).
- Disputa Historiográfica: El texto señala que, aunque se le considera el primer maestro de Buenos Aires, el jesuita P. Guillermo Furlong S.I. menciona un registro anterior de Diego Rodríguez, lo que relegaría a Vitoria al segundo lugar.
3. Ambrosio Acosta: Escribano y Regidor (Corrientes, 1603)
- Rol Histórico: Fue designado primer maestro de Corrientes en 1603 por el Cabildo de esa ciudad, consolidando la tradición laica y estatal del Litoral junto a Santa Fe.
- Perfil: A diferencia de otros maestros coloniales, Acosta era un hombre de importante situación económica. También se desempeñó como Escribano Público y Regidor del Cabildo correntino.
- Conexiones: Estuvo junto a Juan de Garay en la segunda fundación de Buenos Aires (1580) y participó en la fundación de Corrientes (1588) junto a Torres de Vera y Aragón, lo que le otorgó tierras y encomiendas. Su buen pasar económico lo distinguía de la precariedad de otros docentes como Pedro de Vega.
📜 Otros Maestros y Funcionarios Civiles
- Martín de Angulo (Santa Fe, 1617) y Luis Martínez (Santa Fe, 1626): Mencionados como ejemplos de la recurrente escasez de docentes que el Cabildo de Santa Fe intentó paliar. La incapacidad de la autoridad civil de retener a figuras como Angulo (quien emigró a Buenos Aires) demuestra la fragilidad del sistema educativo estatal en esos primeros años.
- Felipe Arias de Mansilla: Sustituyó a Francisco de Vitoria en Buenos Aires. Fue uno de los primeros maestros en recibir un sueldo anual fijo del Cabildo (cuatro pesos y medio anuales).
- Pedro Tuella (Santa Fe, 1774): Recordado como maestro y también como poeta y primer historiador rosarino. Su mención destaca el punto de inflexión de 1774, cuando el poder civil en Santa Fe, influenciado por la Ilustración, logró asegurar por fin el desempeño permanente de maestros bajo la órbita estatal.
⛪ Si bien el foco estuvo en los laicos, es imposible ignorar la consolidación de la enseñanza a través de las órdenes:
- Compañía de Jesús (Jesuitas):
- Fueron los grandes organizadores de la educación en el nivel superior y colegial.
- Fundaron el Colegio de la Inmaculada Concepción en Santa Fe (c. 1610), reconocido como el primer Colegio del país.
- Fundaron el Colegio de la Compañía en Buenos Aires (1661), antecedente directo del actual Colegio Nacional de Buenos Aires.
- Su expulsión en 1716 causó la mayor crisis educativa del período colonial, al perderse infraestructura (como bibliotecas con más de 4,000 volúmenes) y el cuerpo docente más preparado.
📖 Fuentes Consultadas:
- Pellini, Claudio. Biografías e Historia.
- Roverano, Andrés. Historia de Santa Fe Colonial.
- Busaniche, Juan José y Gianello, Leoncio. Historia de Santa Fe.
- Mikielievich Wladimir C. «Primer maestro santafesino laico.» Trabajo inédito. Rosario, 1980.
- Centro de Estudios Hispanoamericanos. [Sumario Revista América Nro 12]. (Fuente: Conicet – Santa Fé).
- Aarón Castellanos. Fundación de Colonias en Argentina


