Seguimos con las Letras L y la Y y otras Sherbas… Shhhhhh

El yeísmo es un modo de pronunciación característico de varias regiones que consiste en pronunciar la LL (“elle”) del mismo modo que la Y (“ye”) consonántica. De esta manera, el yeísmo lleva a decir “cabayo” en lugar de “caballo” y “zapayo” en vez de “zapallo”, por citar dos ejemplos.

Puede definirse al yeísmo como una alteración fonética, ya que se cambia la articulación de un fonema. El proceso implica que dos fonemas que, en su origen, eran distintos, ahora se confunden y se emplean del mismo modo.

En el castellano de la Edad Media, la LL y la Y suponían la representación de dos fonemas diferentes. Con el correr de los años, dicha diferenciación se perdió en numerosos países, aunque de todos modos se mantiene en otros.

De acuerdo a los especialistas, las causas del yeísmo son varias. Por un lado, en castellano son escasos los términos que se distinguen solo a partir de la aparición de la Y en vez de la LL (callo – cayo, arrollo – arroyo, etc.). Por lo tanto, por una cuestión de comodidad, la diferencia de pronunciación se fue eliminando del habla, ya que no resultaba necesaria para comprender los conceptos.

Otros datos importantes acerca del yeísmo son los siguientes:
-Se considera que cada vez está más presente en España y que se va expandiendo más y más. De ahí que haya quienes consideren que en el futuro será la tónica general.
-Análisis acometidos en distintas comunidades autónomas y entre distintos grupos poblacionales vienen a determinar que las personas más mayores tienden al lleísmo y las más jóvenes al yeísmo.

El castellano que se habla en la zona del Río de la Plata (Argentina y Uruguay) incluye el llamado yeísmo con rehilamiento, que alude a un zumbido o una vibración que se incluye en el punto de articulación de ciertas consonantes. De este modo, “caballo” se pronuncia como “cabasho”, debido a que el término no suene exactamente igual que “cabayo”.

El mundo de los hispanohablantes contempla muchas más diferencias de las que uno puede imaginar y algunas son tan curiosas como la pronunciación de las letras “y” y “ll”. Esta singularidad se denomina yeísmo rehilado o, lo que es lo mismo, ese yeísmo que ocurre cuando al pronunciar una palabra no existe diferencia entre el sonido de la Y griega y elle.

Popularmente, a este fenómeno se le conoce como “sheísmo” (escrito fonéticamente) y su resultado es la diferente pronunciación de palabras como: lluvia (fonéticamente “shuvia”), calle (fonéticamente “cashe”), botella (fonéticamente “botesha”) o playa (fonéticamente “plasha”). A pesar de lo que se cree, no solo se produce en América Latina, sino que el yeísmo también está presente en España. La única diferencia es la fuerza de este sonido en las diferentes regiones, por ejemplo “yo” puede sonar “sho” o “io”; otro ejemplo sería la palabra “pollo” con su variable “posho” o “poio”.

¿Cuándo surgieron estas diferencias?

Según un estudio publicado por la lingüista alemana Katharina Link en 2009, tanto el yeísmo como el rehilamiento aparecieron en Buenos Aires en el siglo XVIII, pero no fue hasta el siglo XIX cuando comenzaron a aparecer en ámbitos más prestigiosos como el teatro. Hay registros de actores que alargan palabras como llanto y batalla con un “ch” muy suave, pero prolongada (algo que sonaría como “chchchanto” o “batachchcha”). Incluso aparecen escritas literalmente de esta forma en una crítica del periódico «El mensajero argentino» sobre una obra de teatro de 1826.

Por otro lado, tanto el yeísmo y como el rehilamiento aparecieron a la vez en el siglo XIX en Uruguay. Son muchas las teorías sobre cómo apareció este sonido en el país, aunque la que cobra más fuerza tras varios estudios es la del contacto lingüístico. Durante ese siglo, Uruguay vivió varias oleadas migratorias de países como Italia, Francia o España (sobre todo gallegos) y, además, no podemos olvidarnos de sus vecinos brasileños.

Otras teorías

También se baraja otra teoría que dice que esta nueva pronunciación se asimilaba más a la del español rioplatense (procedente de Uruguay), ya que ofrecía combinaciones más sencillas y se impuso pese a la estridencia del sonido. Pero cuando hablamos de estas diferencias, no hablamos de correcto o incorrecto, e incluso omitimos lo de deformado. El español se habla en muchos países, lo que ha dado lugar a diferentes variedades regionales o adaptaciones de la lengua como la estadounidense, la andina, la peninsular o la caribeña.

Una por otra, cada habla tiene sus particularidades. De hecho, en el norte y sur de España no se habla igual y el yeísmo rehilado tampoco se encuentra en el 100% de los territorios de Argentina y Uruguay. Antiguamente se pensaba que el español “correcto” se hablaba en la península y el resto era una deformación, pero esta afirmación ya no se admite. La lingüística moderna indica que no hay nada en la lengua que haga mejor o peor a decir vos o tú, pelota o balón. Esas son valoraciones sociales y no académicas.

Distinguir la y de la ll supone una dificultan ya que, aunque representan sonidos distintos, se suelen pronunciar igual. Este fenómeno se conoce como yeísmo y nos impide distinguir, por ejemplo, la palabra “poyo” de “pollo”. Por ello, te traemos las reglas para utilizar estas dos consonantes:

• Se escriben con y las palabras compuestas y derivadas que llevan este sonido. Ejemplo: Ensayar, paraguayo, yacimiento.

• Se escriben con y las palabras que contengan la sílaba –yec-. Ejemplo: Trayecto, proyecto, inyectar.

• Se escriben con y algunas formas verbales que contienen este sonido sin que en su infinitivo se use la ll. Ejemplo: Concluye, huyendo, destruyó, yendo.

• Se escriben con y todas las formas de los verbos que llevan este sonido en su infinitivo. Ejemplo: Rayar, apoyar, subrayar, ensayar.

• Se escriben con ll las palabras que terminan en –illa e –illo. Ejemplo: Tortilla, mantequilla, capilla, bocadillo.

• Se escriben con ll todos los sustantivos que terminan en –ullo y –ulla, menos cocuyo y aleluya. Ejemplo: Bulla, patrulla, orgullo, murmullo.

• Se escriben con ll las formas de todos los verbos en infinitivo que terminan en –illar, -ullar y –ullir. Ejemplo: Rebullir, arrullar, orillar, aullar.

• Se escriben con ll las palabras que empiezan por las sílabas fa-, fo-, fu-. Ejemplo: Fallar, follaje, fulla.

• Se escriben con ll todas las formas de los verbos que llevan este sonido en su infinitivo. Ejemplo: Llover, fallar, hallar, llorar.

¿Por qué en Argentina y Uruguay pronuncian las letras «y» y «ll» distinto del resto de América Latina?

Dos hispanohablantes se encuentran en un lugar cualquiera del mundo y comienzan a hablar.

Ninguno sabe de dónde es el otro.

Sin embargo, si uno de ellos es argentino o uruguayo, un sólo sonido bastará para delatarlo: su estridente pronunciación de las letras «y» y «ll».

Esta particularidad del español rioplatense es lo que los lingüistas llaman «yeísmo rehilado», es decir que, al hablar, no se diferencia entre el sonido de la ye y elle («yeísmo») y que se articula con una fricción («rehilado»).

Es lo mismo que popularmente se cataloga como «sheísmo», imitando la grafía del inglés en vez de los pocos conocidos fonemas de la lingüística.

Así, si un centro comercial es un shopping, entonces los argentinos y los «uruguashos» dicen «plasha», «cabasho» y «shuvia».

«Muchos estereotipos y chistes se basan en la forma de hablar de las personas», dice a BBC Mundo la lingüista Magdalena Coll, quien el año pasado publicó el trabajo «Historia y presente del yeísmo (rehilado) en el Uruguay» junto a su colega Germán Canale.

Entre las múltiples características propias de la variante rioplatense del idioma español, afirma Coll, «la fuerza e impronta» de este sonido es su mayor «rasgo identificatorio».

De un sonido a otro

«El yeísmo existe en España y gran parte de América Latina», dice a BBC Mundo la lingüista alemana Katharina Link.

La diferencia está en cómo se pronuncian esas ye y elle según la región: pueden casi ni sonar («io», «poio») o tener una estridencia llamativa («sho», «posho»).

En la zona de influencia de Buenos Aires y Montevideo se produjo un cambio lingüístico que dio lugar a un sonido único para los hispanohablantes, aunque presente en otras lenguas como el portugués e inglés.

De acuerdo con un estudio publicado por Link en 2009, el yeísmo primero y el rehilamiento después se registran en Buenos Aires a lo largo del siglo XVIII.

Ya en el siglo XIX aparecen varios testimonios del rehilamiento que, lejos de limitarse al uso popular, aparecen en ambientes más prestigiosos como el teatro.

«(Hay algún actor) que al pronunciar llanto, batalla y otras palabras con ll parece que pronuncia un ch medio líquido pero prolongado; y que dice chchchanto, batachchcha, etc. No hallamos otro modo de escribir esta pronunciación viciosísima», dice una crítica teatral del periódico «El mensajero argentino», publicada en 1826.

En cambio, según Canale y Coll, en Uruguay el yeísmo y rehilamiento se dieron en simultáneo en el siglo XIX.

¿Portugués? ¿Italiano? ¿Ninguno?

Existen distintas teorías de cómo surgió este sonido en el Río de la Plata.

Una de las más extendidas se basa en el contacto lingüístico, o sea, en cómo la variante rioplatense se vio influenciada por el portugués del vecino Brasil, así como por el gallego, italiano y francés de las distintas oleadas migratorias en los siglos XIX y XX.

Para ejemplificar el posible «contagio» del portugués, Canale y Coll citan el poema «Cielito Oriental» (1816) del escritor uruguayo Bartolomé Hidalgo: «A vosso principe reyente / Enviadle pronto á decir / Que todos vais á morrer / Y que nao le fica yente«.

El satírico verso sustituye las «g» de las palabras «regente» y «gente», por letras «y».

«El efecto buscado por Hidalgo, a través de esta imitación burlesca del habla portuguesa, solo puede entenderse en un contexto social donde el rehilamiento mostrara ya signos de su existencia», escriben Canale y Coll.

Por su parte, la lingüista María Beatriz Fontanella de Weinberg, quien escribió sobre el rehilamiento bonaerense en los años 80 y 90, ubica los inicios de su uso «durante el período romántico (fines del siglo XIX), en el que hubo un gran influjo francés en la cultura argentina y una voluntad explícita de incorporar elementos de préstamo«.

Ejemplos de ello son palabras como «champagne», «chic» o «chef», que todavía se usan extensamente en la región.

Algo similar sucedió con el italiano de acuerdo con el académico Tristan-David Depré, quien en un trabajo publicado en 2015 identificó coincidencias entre el rehilamiento y la pronunciación sobre todo del sur de Italia.

Para Katharina Link, no obstante, esta teoría no termina de sostenerse, dado que «es el mismo sonido (de dichas lenguas), pero se utiliza en contextos totalmente diferentes».

Otras teorías dan más importancia a la facilidad que ofrecía esta pronunciación combinada con otras características de la forma en que se articula el español rioplatense o a cómo su estridencia terminó imponiéndose por sobre otros sonidos más suaves.

Ni incorrecto ni deformado

En el español existen distintas variedades regionales, como la peninsular, la caribeña, la andina y la estadounidense, entre otras.

Cada una, a su vez, tiene sus diferencias y particularidades. En el norte y sur de España no se habla igual, por ejemplo. De hecho, el yeísmo rehilado tampoco se da en toda la extensión de los territorios de Argentina y Uruguay.

«Hasta el siglo XIX se afirmaba que existía un español correcto (el peninsular) y que el resto era una deformación«, cuenta Coll.

Sin embargo, agrega, la lingüística moderna indica que «no hay nada en la lengua que haga mejor o peor a decir ‘vos’ o ‘tú’, ‘pelota’ o ‘balón’. Esas son valoraciones sociales y no académicas».

La Real Academia Española (RAE) ha estado acompañando este movimiento, revirtiendo la visión centralista de la lengua por la cual las normas de 46 millones de españoles se imponían sobre los casi 500 millones de hispanoamericanos.

En la «Nueva gramática de la lengua española: fonética y fonología», publicada por la RAE en 2011, por ejemplo, se incluye el yeísmo rehilado como una de las posibles pronunciaciones de la ye y elle.

Sin embargo, en los países hispanohablantes e incluso en el propio Río de la Plata todavía persiste esta idea conservadora.

En un estudio que realizó Link en Buenos Aires en 2013, los entrevistados tenían que leer una lista de palabras con ye y elle.

Según contó la alemana, varios le preguntaron si debían leer como lo solían decir «o como realmente es», mientras que otros directamente pronunciaban como españoles.

«Nadie diría que el inglés estadounidense es peor que el de Inglaterra», afirma Coll, quien dio clases de la variante uruguaya del español en la Universidad de California en Berkeley, en EE.UU.

«Incluso los detalles lingüísticos pequeños tienen connotaciones sociales», dice la investigadora, a lo que agrega: «Junto con la lengua se transmiten también los valores culturales de un pueblo».

Por eso, el español del Río de la Plata es indisociable del termo, el mate y la «sherba».

Así que ahora los vamos dejando y buscamos la Yerba para tomar unos mates y a seguir leyendo más información para la próxima edición de «Lunes de Letras»…

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