La letra C, su hija y la otra que tiene colita

¡Hola!  El tema de hoy nos lleva al viejo mundo hispánico y la historia del lenguaje y de la caligrafía.

Bueno… como el lenguaje es universal y la internet nos conecta con intereses o aficiones de otros países, este post nos acerca a varios idiomas. Vamos a hablar de la letra C, su origen, su variante y su «hija» y la caligrafía desde China y Grecia hasta la actualidad.

La C es la tercera letra del alfabeto español, por la que empiezan un mayor número de palabras en el diccionario académico (versión 22.ª, 2001) hay aproximadamente 60 mil palabras, incluyendo a las que comienzan con CH. En la numeración romana, corresponde al Cien.

Tiene su origen en un jeroglífico egipcio con forma de bastón, que los fenicios adoptaron para su alfabeto con el nombre de gimel. Este signo fue copiado a su vez por los griegos, con el nombre de gamma, que tenía varias formas, entre ellas la C. De ahí pasó al alfabeto latino, que en un principio empleaba la misma letra tanto para el sonido C como el sonido G, hasta que Espurio Camilio inventó esta última letra. Y así, ya diferenciadas, llegaron ambas, C y G, al español.

Es una letra polivalente puesto que representa varios sonidos. Cuando va precedida por las vocales a, o, u (cama, cosa, cuna) o está al final de la palabra (bloc, cinc), representa el sonido [k], también representado por las letras k y q. Cuando precede a las vocales e, i (cena, cima) representa el sonido [z], aunque también, tal como vimos cuando hablamos del sheísmo o seseo, representa en muchos sitios el sonido [s]. Y con la h forma un fonema singular (chapa, chocolate).

Hay palabras con dos ces seguidas, las cuales se pronuncian con un sonido diferente: calefacción, occipucio. Como esta última, muchas palabras españolas han heredado las dos ces juntas del latín, aunque con el tiempo no pocas de ellas han perdido una por el camino, como por ejemplo: accelerar y accento, ambas con dos ces en el Diccionario de Autoridades ( año 1726).

Cuando la c va seguida de la letra t, la tentación que han tenido de siempre los hispanohablantes ha sido la de suprimirla. Así, hubo un tiempo en que la c de dictar estuvo en trance de desaparecer (en la Edad Media y el Siglo de Oro se vacilaba entre dictar y ditar), a pesar de que provenía del latín DICTARE, pero al final prevaleció con la c. Algo parecido le ocurrió a la c de doctor, doctrina y eructar (del latín DOCTOR, -ORIS, DOCTRINA y ERUCTARE, respectivamente), que se pronunciaron y escribieron hasta el s. XVII sin esta letra. Y esto mismo le sucedió al grupo formado por factor, factoría y factura, que en el Diccionario de Autoridades (año 1732) aparecen sin la c. No tuvo tanta suerte, por el contrario, la c del vocablo latino DELICTUM, que pasó al español como delicto (en la Celestina aparece con y sin c), pero que ha acabado perdiéndola: delito.

Hasta 1726 coincidía en su forma con otra letra, la ç, conocida como «ce cedilla», hija como veremos de la z y que podía representar un sonido sonoro (esparçir se escribía en tiempos de Berceo el actual esparcir) o un sonido sordo (alcaçaba escribía Nebrija en vez de alcazaba, pero con idéntica pronunciación).


Una cedilla es un gancho o cola ( ¸ ) añadida bajo ciertas letras como una marca diacrítica para marcar un cambio en la pronunciación. En catalán, francés y portugués, se utiliza solo debajo de la letra c y de toda esa letra (ç), y en esos casos se llama respectivamente c trençada, c cédille, y c cedilha o ce caudata o popularmente cobrinha.

La cedilla, es una letra que deriva del alfabeto latino y que actualmente se utiliza en algunas lenguas como el francés o el portugués. Su apariencia es similar a la de una C normal pero con una pequeña «coma» (colita), denominada virgulilla, por debajo.

La cedilla proviene de la letra Z que en la antigüedad, más concretamente en la época medieval con la escritura visigótica, llevaba una pequeña «c» encima. Con el paso del tiempo, la Z comenzó a volverse cada vez más pequeña y la C más grande hasta convertirse en la cedilla que conocemos hoy en día, es decir: Ç.

Esta letra se fue dejando de utilizar con las décadas siendo reemplazada así por la Z, la C o la S ya que fonéticamente suenan similar. En los días que corren, la cedilla solo se utiliza en español para escribir nombres que se encuentren en otras lenguas como «Barça» que proviene del catalán.

El origen de nuestra actual cedilla está en la zeta con copete visigótica. El copete era un trazo de adorno con el que se remataba la letra.

De la zeta visigótica a la cedilla

Con el tiempo, el adorno se va agrandando y el cuerpo se va atrofiando hasta quedar reducido a un rabito. Sin embargo, todavía hoy se puede reconocer en este la zeta originaria si se amplía muchísimo la letra. Puedes hacer la prueba: vete al procesador de textos y escribe una cedilla en un tipo Times con un tamaño de 72 puntos o más. De hecho, en el nombre cedilla se identifica fácilmente el diminutivo de zeda, que es una variante del nombre zeta.

Esta letra se utilizó antiguamente en castellano. Se podía encontrar en palabras como cabeça, mançebo, açúcar o braço. Se eliminó de nuestra ortografía en el siglo XVIII, pero se sigue utilizando para escribir otras lenguas peninsulares. Piénsese en el catalán braç o en el portugués braço (ambos, ‘brazo’). Desde este extremo de Europa saltó a otras lenguas y hoy se utiliza, por ejemplo, en la escritura del francés (garçon ‘chico’) y el turco (türkçe ‘turco’).

Las letras dan testimonio de la historia de la cultura. Todo es cuestión de saber leer en ellas.

¿Qué es la caligrafía?

El origen etimológico del término caligrafía que ahora nos ocupa, debemos exponer que se encuentra en el griego, en “kalligraphia”. Y esta es una palabra fruto de la suma de tres componentes de dicha lengua:

  • El adjetivo “kallós”, que es sinónimo de “hermoso”.
  • El vocablo “graphein”, que puede traducirse como “escribir”.
  • El sufijo “-ia”, que indica “cualidad”.

La Real Academia Española (RAE) reconoce dos acepciones del concepto:

Por un lado, se denomina caligrafía al arte que consiste en escribir creando letras formadas de manera correcta y con sentido estético de acuerdo a distintos estilos. La caligrafía, por lo tanto, va más allá de la legibilidad: no apunta solo a que las letras se entiendan, sino que busca crear belleza en el propio acto de escritura.

En el colegio se pone muchísimo interés en que los alumnos consigan tener una buena caligrafía, que sea legible. De ahí que se opte por tomar medidas para lograr ese objetivo tales como las siguientes: hojas pautadas, copiar los títulos o frases de cuentos, usar las libretas de dos rayas, dictados…

El origen de la caligrafía se encuentra en los caracteres chinos. En la cultura del gigante asiático, la apariencia de los ideogramas resulta muy importante e incluso tiene connotaciones simbólicas.

En el mundo occidental, la caligrafía surge del alfabeto latino, ya empleado por religiosos medievales en pergaminos. Con el paso del tiempo la disciplina perdió lugar, al menos en la cotidianeidad.

La creación de la imprenta hizo que la caligrafía, un arte manual, quede relegada. Más adelante, el bolígrafo, las máquinas de escribir y las computadoras (ordenadores) terminaron por confinar a la caligrafía a un espacio muy acotado. Hoy la caligrafía se emplea como un método de expresión artística que suele vincular el dibujo con la escritura.

La caligrafía empezó su declive tras la invención de la imprenta por Gutenberg, y fue casi sustituida por la tipografía.

La RAE señala, por otra parte, que se llama caligrafía al conjunto de las características que definen el modo de escribir de un individuo. Un perito caligráfico, al comparar distintos documentos, puede descubrir al autor de cada uno estudiando la caligrafía.

Hay quienes aseguran que las personas, al escribir y evidenciar su caligrafía, dejan rastros de su personalidad en las letras que crean. De este modo se podría afirmar que un individuo es inseguro o violento, por ejemplo, según sus trazos.

Entre los trazos caligráficos más significativos se encuentran algunos como estos:

  • La firma ascendente viene a indicar que esa personalidad tiene rasgos de superioridad.
  • Si las letras están escritas de forma proporcionada y con el adecuado espacio entre líneas se viene a dejar patente que pertenecen a alguien ordenado.
  • Las personas responsables escriben de manera clara, legible, proporcionada, con todos los signos de puntuación y con un aspecto cuidado.
  • Los introvertidos se identifican porque su caligrafía es pequeña, agrupada, la firma es ilegible, resulta angulosa o muy sencilla al tiempo que su abertura es cerrada.
  • Quienes se caracterizan por ser extrovertidos resulta que realizan una caligrafía espaciada, legible, rápida, grande y ascendente.
  • Las personas amables se identifica porque tienen unos trazos legibles, redondeados, proporcionados, agrupados…

Complicado escribir en cursiva en la computadora y con un ratón. 

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