Ni masculino, ni femenino, ni neutro: cómo perdió el inglés el género gramatical

El género en inglés no existe. En otras palabras, el inglés no tiene género gramatical. A pesar de ser un idioma descendiente de lenguas con dos o tres géneros gramaticales, a lo largo de su evolución, el inglés los fue perdiendo. ¿Qué factores influyeron en ese cambio?

Quizás una de las primeras sorpresas que nos llevamos muchos de los que aprendemos inglés como segundo idioma es no tener que preocuparnos con cuáles sustantivos son masculinos y cuáles son femeninos. Lo que se conoce como género gramatical.

O sea, los artículos definidos «el», «la» -y «lo», que se usa para lo abstracto o neutro- no existen. Así que la casa, el coche o lo bello, traducidos al inglés tienen un solo artículo: THE, que también se usa en el plural, pues el inglés tampoco diferencia entre «las» y «los».

La misma ambigüedad se manifiesta en los determinantes que en español serían «este» y «esta», «ese» y «esa», «aquel» y «aquella». THIS, THAT, THOSE se encargan de neutralizarlos.

Sin embargo, no siempre fue así. Históricamente, como todos los idiomas indoeuropeos, el inglés antiguo, o anglosajón, marcaba sustantivos masculinos, femeninos y neutros con sus artículos correspondientes.

Los adjetivos también se ajustaban al género y, como era un idioma altamente declinado, ese contraste cambiaba la finalización de las sustantivos y adjetivos en torno a su función dentro de la frase.

¿Cómo y cuándo, entonces, perdió el inglés el género gramatical? ¿Qué factores influyeron? ¿Fueron sociales, lingüísticos o fonológicos? Para aclarar eso hay que ir al principio.

El origen del inglés

El inglés es descendiente de un grupo de dialectos germánicos hablados en regiones que van desde el norte de Alemania y lo que es hoy el sur de Dinamarca, la islas Frisias, hasta la costa de Países Bajos. Estos dialectos eran probablemente diferentes, pero mutuamente entendibles.

Jutos, anglos, sajones y frisones se asentaron en diferentes regiones de la principal isla británica -en la actual Inglaterra- de mediados a finales del siglo V. Sus dialectos se fusionaron en el idioma inglés y, desde un período muy temprano esos pueblos se conocieron como ingleses.

Como sucede con la mayoría de los idiomas, el ancestro del inglés entró en contacto con otras lenguas. En primer lugar, los invasores se encontraron con pueblos que hablaban diferentes dialectos celtas, aunque estos fueron paulatinamente desplazados hacia el occidente y sur occidente de la isla, en lo que hoy es Gales y Cornualles.

Por un lado, muy pocas palabras del celta fueron prestadas por el inglés en la antigüedad, aunque algunos expertos creen que el hecho que muchos adultos celtas aprendieron inglés como segundo idioma, tuvo una influencia profunda en la estructura del inglés.

Pero igualmente, en los siglos IX y X hubo una gran migración vikinga, de lengua nórdica (o escandinava), que se asentó en la región de Yorkshire, norte de Inglaterra y fue «un catalizador importante para el cambio en el inglés», comentó a BBC Mundo Robert McColl Millar, profesor de lingüística y del idioma escocés de la Universidad de Aberdeen, Escocia.

«El nórdico tiene un parentesco cercano con el inglés, probablemente fueron en parte mutuamente comprensibles en aquella época y eso tuvo un efecto profundo».

El inglés antiguo -como sus ancestrales dialectos germánicos- y el nórdico tenían los mismos géneros gramaticales, y también se declinaban, pero con algunas diferencias.

Mientras que muchas palabras podían compartir la misma raíz y parecerse entre ellas, el mismo sustantivo podía ser masculino para uno pero femenino para otro. Un ejemplo moderno de este fenómeno se ve en la palabra «idioma» que en alemán es die Sprache (femenino), pero en noruego es Sproke (neutro).

Además, el ancestral nórdico -como el noruego moderno- no tiene artículo definido que precede el sustantivo. Tiene una partícula definida, un sufijo que va al final de la palabra. Todo esto afectaba la declinación de los sustantivos y los adjetivos según su función en la oración.

«Imaginémonos a Yorkshire en el siglo IX», propone el profesor Millar refiriéndose a una conversación entre los hablantes del anglosajón y el nórdico viviendo lado a lado. «Tratarán de buscar un terreno en común, y como lo que es común son las palabras y no la información gramatical, lo hacen simplificando y racionalizando el sistema».

Entonces la conversación se daría sin esos artículos definidos, «la eliminación del género gramatical nivelaba el terreno para que todos se pudieran entender».

La dilución del artículo definido

Para otros, sin embargo, no es cuestión de entendimiento sino de fonología.

«No nos deshacemos de cosas porque otros no entienden. Si alguien no entiende, ese es problema de ellos», expresó a BBC Mundo Aditi Lahiri, fonóloga y profesora de lingüística de la Universidad de Oxford.

«El género gramatical se marca con sonidos especiales. La fonología nos muestra cómo los sonidos cambian en contexto y cómo desaparecen en un contexto en particular», indicó la profesora Lahiri.

«En alemán, por ejemplo, el artículo definido tiene tres formas: der, die, das (masculino, femenino y neutro). Der se pronuncia casi como «dea» y si la consonante final de das desapareciera, sería realmente difícil diferenciar entre los tres artículos», explica la académica. «Muchos idiomas pierden la calidad distintiva de la vocal cuando está en una posición no acentuada.

«La falta de contraste sonoro, neutraliza el contraste de género. Si no hay marca fonológica que informe qué género tiene la palabra, el contraste desaparece. La única manera de conocer el género de una palabra neutralizada sería por la declinación del adjetivo, pero este también se neutralizó (en inglés)».

Es cuestión de una erosión gradual, indica Aditi Lahiri. Si el sonido no es suficientemente contrastante se va a diluir. Las siguientes generaciones ya no van a tener esa referencia y poco a poco desaparece.

Es muy difícil establecer cuándo se establecieron estos cambios, pero el profesor Millar sospecha que el la forma hablada, los pueblos se deshicieron de ese contraste bastante rápido en los diferentes dialectos, aunque no al mismo tiempo.

Texto ambiguo

Pero en el idioma escrito, la primera señal que hay del fenómeno sucede a comienzos del siglo X, con la glosa inglesa de los famosos Evangelios de Lindisfarne, uno de los manuscritos más importantes que sobreviven de la Inglaterra anglosajona.

«En gran parte está en lo que llamaríamos inglés antiguo clásico, pero también incluye dialecto northumbrio añadido por el glosador, un sacerdote llamado Aldred», cuenta Millar. «Él usa un artículo definido ‘incorrectamente’, un artículo definido femenino con un sustantivo neutro».

Ese «error» es algo que la población en el suroccidente de Inglaterra, donde se hablaba el sajón occidental, nunca haría. Pero hay una difusión gradual del uso no específico del género y aparece una ambigüedad creciente sobre cuál era la forma correcta, dice el lingüista de la Universidad de Aberdeen. Empieza en el norte, más o menos en el siglo IX, y gradualmente se difunde hacia el sur.

Residuos del género gramatical

Después de la Conquista Normanda, en 1066, el inglés experimentó cambios significativos en su pronunciación, ortografía, gramática y principalmente en su vocabulario, debido a la monarquía francesa que se estableció durante varios siglos. Es el período del inglés medio.

Un gran número de palabras francesas entraron al léxico y sobreviven en el inglés actual, pero a pesar de que el francés sí conserva el género gramatical, éste no se volvió a imponer en el inglés. «El contacto con otros idiomas tiene su límite. Se tienden a prestar primordialmente sustantivos, pero una categoría gramatical es muy difícil. Se estaría cambiando todo el sistema de clasificación», expresó Aditi Lahiri de la Universidad de Oxford.

En el inglés actual y sus dialectos modernos, se encuentran unos pocos residuos del género gramatical, pero son solo de interés para lingüistas. No obstante, hay una tendencia en algunas variedades se marcar palabras con algo que puede parecerse al género gramatical, como la tendencia de los marinero de llamar los barcos «ella».

El profesor Millar alude a un desarrollo particular en los dialectos de las islas de Shetland y Orkney en el norte de Escocia, en el que la mayoría de los objetos inanimados son él o ella. Y entre los dos dialectos hay distinciones: en Shetland se dice El puente, en Orkney es La puente.

«Si son o no sobrevivientes del género gramatical, no sé, pero definitivamente hay algo de esto que es subyacente», reconoce Millar.

Neutralización del pronombre

Una distinción que sí mantiene el inglés son los pronombres según el género. Eso se debe, afirma la profesora Lahiri a que la fonología de he/she (él/ella en sujeto) y him/her (él/ella objeto) es tan diferente. Pero el plural se neutraliza con la palabra THEY, que no especifica género.

En años recientes, esa palabra neutra THEY para referirse a personas no binarias se ha vuelto un tema candente de discusión. Y no sólo en inglés, varios movimientos están intentando eliminar la distinción por género e imponer pronombres o sufijos ambiguos. «Elles» sería la opción en español.

Unas lenguas nunca lo han tenido. El finlandés, por ejemplo, nunca ha tenido el género gramatical ni un pronombre que diferencie masculino de femenino y el sueco ha tenido mucho éxito con el pronombre no específico, dice Robert McColl Millar.

«El inglés no se adapta tanto, porque hemos mantenido las divisiones sexuales naturales en los pronombres. Nos parecen naturales», comenta, «pero creo que sucederá, habrá que ver en 20 o 30 años».

Para la fonóloga Aditi Lahiri no cree que se deban eliminar elementos de un idioma por decreto. «Deberíamos deshacernos de la palabra ‘género’, porque la clasificación no tiene nada que ver con el género de las cosas, es gramatical».

Antes, la clasificación de las palabras era determinada según si se referían a algo animado o inanimado, explica. «En lugar de masculino, femenino y neutro, se podrían llamar a, b y c, eso lo haría más fácil o aceptable», concluye.

Fuente: BBC News Mundo | Por William Márquez

El 31 de octubre se celebra Halloween en muchos países del mundo, una fiesta que se ha difundido de forma creciente en las últimas décadas y que ha ganado cada vez más seguidos con el correr del tiempo.

La palabra «Halloween» proviene del Reino Unido. Este término remite a la frase “all hallows’ eve”, que quiere decir “víspera de todos los santos”. En español también es conocida como “Noche de Brujas”. Para la Iglesia Católica, el 1° de noviembre se conmemora el “Día de todos los santos”; por lo que Halloween se instaló el día previo por tratarse de la víspera.

Sin embargo, la fiesta no tiene en su origen un motivo religioso. Y tampoco está vinculada a Inglaterra. En realidad, el nacimiento de la celebridad se dio en Irlanda. Allí, los últimos días de octubre la comunidad celta solía celebrar el final de la cosecha con un ritual llamado «Samhain» que duraba tres días y marcaba el fin del verano.

Según National Geograhic, esta cultura -al igual que muchas prehispánicas- creían que en Samhain los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los mortales, y de esta concepción es que se deriva la asociación entre Halloween y el terror.

Con el tiempo, la ceremonia se fue expandiendo, primero al Reino Unido, luego a otros países de Europa y, finalmente, trascendió el continente para llegar a distintos puntos del mundo.

De hecho, Halloween encontró en Estados Unidos su mayor difusión. En ese país se realizan importantes despliegues para la celebración de esta fiesta.

Halloween: en qué países es feriado

En algunos países anglosajones Halloween es considerado una celebración oficial de gran importancia y durante el 31 de octubre hay feriado:

  • Estados Unidos.
  • Canadá.
  • Irlanda.
  • Reino Unido.
  • En Australia y Nueva Zelanda también se festeja Halloween, pero no es una fecha de tanto peso cultural y no se le da la misma importancia que en la anterior lista de países.
  • En otros países de Europa como España, la celebración de Halloween ha cobrado peso y se ha vuelto muy popular. Es común ver casas decoradas con calabazas, niños y adultos vestidos de negro o llevando disfraces, y en ciertos barrios es común que se juegue al “susto o truco”.
  • En la Argentina el festejo no es oficial, pero de todos modos se tiene en cuenta la fecha y en muchas regiones del país se celebra Halloween sin desarrollar todos los símbolos y costumbres, sino con simples reuniones temáticas.

Halloween: razones para celebrarlo en el colegio

Halloween está de moda, eso es indudable. Como también está de moda el discurso crítico que reniega de esta celebración y critica su introducción en los colegios, presentándola como ejemplo de aculturación. En el Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula defienden, sin embargo, las razones de peso que existen para introducir actividades en torno a esta festividad (para niños a partir de los 2 años):

1. Multiculturalidad . La celebración de Halloween, explican en este centro, refuerza uno de los valores fundamentales de su proyecto educativo: la multiculturalidad. De este modo, entronca con su objetivo de promover en el alumnado una mentalidad internacional que fomente el respeto y la curiosidad por las diferentes culturas, ideologías y creencias, en un ambiente de tolerancia y diversidad.  «Formamos alumnos ciudadanos del mundo, con mentalidad abierta, capaces de comprender y respetar sus propias tradiciones y las del resto del mundo. Celebramos Halloween igual que celebramos el nuevo año chino, St. Patricks o la Feria de Sevilla», explica Ms. Rosie Hernández-Morales, Jefa del Equipo de Individualización de Infantil.

2. Una oportunidad y un estímulo positivo para el aprendizaje . El potencial visual de esta celebración supone un estímulo positivo que, utilizado adecuadamente, puede ayudar en el aprendizaje. En Educación Infantil, por ejemplo, trabajar por temáticas atractivas, asociando a ellas las diferentes unidades didácticas, ayuda a los niños a estar más motivados y mejorar el aprendizaje . Los alumnos siguen trabajando las mismas áreas, pero con temática Halloween, utilizando canciones y libros asociados a esta celebración, con los que trabajan más ilusionados y de forma lúdica.

3. Atención a la comunidad educativa extranjera . En este centro, el 11% de los alumnos y sus familias y el 35% de los profesores de su claustro son foráneos. La atención a esta comunidad educativa extranjera y la creación de lazos afectivos entre padres, alumnos y profesores invita a la integración de festividades internacionales. A los alumnos extranjeros les ayuda a sentirse más integrados y a percibir el colegio más propio, más cercano a las costumbres que ya celebraban. Y también a los propios profesores les hace sentirse más como en casa. Algunos de ellos, por ejemplo, en la Escuela Infantil, enseñan sus fotos de cuando eran pequeños y celebraban Halloween, y eso también ayuda a reforzar el vínculo con sus alumnos.

4. Conocer en profundidad y reflexionar sobre la realidad inmediata . En este centro son partidarios de incorporar en el aula lo que ocurre fuera de los muros del colegio y las tendencias imparables del mundo global . Por eso, lejos de prohibir el uso de la tecnología, la integran en el aula y lejos de rehuir los debates y el conocimiento de los grandes hitos y noticias de la actualidad, tratan estos temas con los alumnos, integrándolas en el proceso educativo. «Ante un mundo cambiante siempre apostamos por abordar con nuestros alumnos las realidades que observan, para que puedan conocerlas más en profundidad y reflexionar sobre ellas, algo especialmente importante en los alumnos de Infantil, que empiezan a construir su concepción del mundo y tienen una curiosidad ilimitada». Es innegable que Halloween está cada vez más en el día a día de estas fechas, además de en innumerables películas, libros, medios de comunicación y contenidos digitales a los que los niños acceden. Por eso es interesante que puedan vivir la experiencia de conocerla en persona.

5. Aprendizaje de idiomas . En este centro multilingüe, Halloween representa un estímulo para que los alumnos no solo practiquen el inglés con más entusiasmo, sino que también lo lleven a casa, repitiendo canciones aprendidas, leyendo libros o realizando actividades cuyas instrucciones están en inglés. Asimismo, les ayuda también aprender que los idiomas están vivos y que dependen de las personas que los usan. Así, por ejemplo, se les explica que la expresión «trick or treat» no se traduce por «truco o trato», que es una traducción errónea que se utiliza comúnmente, porque «treat» es en realidad un premio dulce.

6. Formación en valores . De forma asociada a esta celebración, es posible organizar actividades solidarias que desarrollan el sentido del compromiso de los alumnos, favorece su servicio a la comunidad y les ayuda a comprender que todos tenemos que apoyarnos entre nosotros, y que una celebración foránea puede colaborar en un proyecto andaluz y ayudar a personas de aquí.

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