Educadores Argentinos: Herminia Brumana

Herminia Catalina Brumana

12 de septiembre de 1897, Buenos Aires – 9 de enero de 1954, Buenos Aires

Biografía:

Nació en Pigüé, localidad ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires, ació en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Realizó sus estudios secundarios en la escuela Normal de Olavarría “José Manuel Estrada” donde se recibió en 1916, volviendo para ejercer el cargo de maestra primaria, su primer trabajo fue en un Quinto grado de la Escuela Nº 3, en su ciudad natal.

En los primeros meses de trabajo fundó la revista Pigüé, de carácter literario y social. A lo largo de su vida pudo conciliar sus dos pasiones: la docencia y la escritura. Escribió cuentos, novelas, obras de teatro y artículos en prestigiosos medios, como Mundo Argentino, El Hogar, Caras y Caretas y La Nación. También formó parte de la Sociedad Argentina de Escritores.

En 1916 obtuvo el primer premio en un concurso literario -organizado por la Biblioteca Popular de Olavarría- por su trabajo “Influencias de las bibliotecas populares en la cultura de los pueblos y el apoyo que estos deben a dichas instituciones”.

Su primer trabajo como maestra en la escuela de Pigüé fue entre los años 1917 y 1921. En ese tiempo escribió para los alumnos Palabritas, una obra “para el corazón de los niños”. El libro de texto reúne cuentos para trabajar en clase con el maestro, y ya refleja su orientación humana y justiciera que se vería plasmada en los trabajos venideros.

Los tiempos de la Reforma Universitaria (1918) se presentaron propicios para que Herminia colaborara en diferentes periódicos estudiantiles. El primero fue Bases. Tribuna de la juventud, una publicación dirigida al mundo estudiantil de solo ocho páginas, en formato tabloide y con una irregular frecuencia quincenal. Este periódico se constituyó en el “contingente de pensamiento, de difusión y de voluntad” que proponía el joven socialista Juan Antonio Solari, quien años más tarde se convirtió en su esposo (1921) y en uno de los directores del prestigioso diario La Vanguardia. Esta publicación se distinguió por contar entre sus colaboradores con plumas femeninas como Gabriela Mistral y Salvadora Medina Onrubia, entre otras. Brumana fue también impulsora de publicaciones político- estudiantiles, voceras de la Reforma Universitaria, como Insurrexit. Revista Estudiantil y Hoy. Juntos participaron en la campaña de liberación de “los presos de Bragado”.

En sus escritos, la mujer ocupa el lugar central: la vida familiar, el casamiento, los hijos, la juventud, las lecturas y la formación cultural. En Cabezas de mujeres, publicado en 1923, estableció diversas descripciones y clasificaciones sobre las mujeres que intentaron romper los mitos establecidos alrededor de ellas.

Dada su vocación docente, trabajó unos meses en la Escuela Nº 19 de Quilmes y, finalmente, en numerosas escuelas del partido de Avellaneda. En 1932, cansada de enfrentar la burocracia educativa del Estado, abandonó la docencia. Pero la retomó en sus últimos años: de 1941 a 1953 ejerció en la Escuela para Adultos Nº 6 de Capital Federal.

A partir de 1933 realizó una serie de viajes por Francia y España, y también por América Latina, en especial por Chile. Justamente allí, la editorial Ercilla publicó en 1936 su texto Cartas a las mujeres argentinas. Dos años después en un nuevo viaje a Europa escribió el ensayo Nuestro hombre, el primer estudio realizado por una escritora argentina sobre el poema nacional Martín Fierro.

En sus recorridos por las escuelas, la escritura fue el instrumento para expresar las desigualdades sociales que atravesaban las paredes de la institución escolar en las décadas de 1920 y 1930: sus relatos expresaban una sensibilidad diferente para observar a los niños y niñas, por ello sus intervenciones se alejaban de las prescripciones comunes.

Su escrito “Mi alumno predilecto”, del libro Mosaico (1929) es una muestra de sus preocupaciones sociales: “Es sucio, es desgreñado. La mamá trabaja fuera del hogar y no le queda tiempo para el hijo este, que casi siempre está en la calle. Desatento en clase, no aprende nada. […] Entonces cuando voy a reprenderlo pienso con angustia: -¿habrá comido hoy? […] En casa no le miran los deberes, ni se preocupan que pase de grado. […] Hace unos días que este alumno me trae los deberes. Unos deberes desprolijos en unas hojitas ajadas, con agujeros a fuerza de borrar con el dedo o con la punta del pañuelo. Y para mí, estos deberes son los mejores, los más hermosos que me presentan.”.

Estos escritos continúan en el libro Tizas de colores, publicado en 1932 y dedicado a la Escuela Nº 10 de Sarandí (Avellaneda). Son breves relatos de situaciones de aula que develan una infancia poco percibida pero latente en las escuelas. La escritura también operó como espacio de reflexión sobre la docencia como profesión. Le inquietaba la figura de la maestra sin vocación que solo trabajaba por el salario y a quien Herminia llamó la “enseñadora a sueldo”: “Viven las maestras al margen de toda preocupación social, impermeables a toda inquietud […] Les ha bastado pasar por la escuela normal y salir con su diploma bajo el brazo, para sentirse dueñas y señoras de su misión. La maestra argentina vive aún en la creencia que a ella solo le incumbe enseñar a leer, a escribir y a hacer cuentas.”.

En Tizas de colores “Respuesta a una normalista” brinda consejos a una futura maestra: “No sé qué decirle; ¡Hay tantas cosas! Pero por ahora se me ocurre esto: -Ande por la calle y mire viendo […]-Coquetee y tenga novio […] -Cuide su físico y su manera de vestir […] -Cultive un arte (música, pintura), y si no puede, aprenda idiomas. –Lea, lea todo lo que pueda, lo que caiga en sus manos”.

En uno de los tantos y hermosos párrafos de su libro “Tizas de colores” escribió:

¿CUÁL DE ELLOS SERÁ EL ELEGIDO?

Si, la Cantina Escolar cumple su cometido, satisface el apetito de estos niños y de estas madres que crían. Pero ¿eso puede dejarnos tranquilos? Esa limosna de comida ¿no es más dolorosa y denigrante para nosotros que la damos que para quienes la reciben? ¿No sería lo justo que todos tuvieran comida en su casa? Al salir los miro por última vez, inclinados ávidamente sobre el humilde plato de sopa. Siento amargor en los labios, y lo que es peor, amargura en el corazón. Y para no irme con esta angustia, hago surgir del fondo de mi pesimismo una idea optimista, radiante, llena de luz: ¿Cuál de estos chicos será el elegido? ¿Cuál de ellos será un gran artista o el inspirado poeta, el austero sabio, el mejor ciudadano? ¿No saldrá de aquí el orientador, el que encienda la antorcha de la libertad y la justicia para todos los oprimidos? Casi siempre surgió de la pobreza, de estas cabezas inclinadas sobre un plato de sopa humilde, el elegido… ¿Cuál de ellos será? —¡Hasta mañana, señorita! —oigo que gritan aún. —¿Sí, hasta mañana, chicos! ¡Hasta mañana!

Brumana fue una educadora mayúscula, una pedagoga libertaria, un ser excepcional repleto de bondad y audacia. Lo observaba todo y en sus entrañas miles de desgarros se producían, incesantemente, frente a la desigualdad y fragilidad de sus alumnos, esas almas de pequeño formato envueltas en delantales blancos.

A su muerte se organizó la Sociedad Amigos de Herminia Brumana que editó sus obras completas, en 1958, y publicó, al cumplirse los diez años de su fallecimiento, Ideario y presencia de Herminia Brumana.

Diversas calles, plazas, bibliotecas y establecimientos educativos de la Argentina llevan su nombre.

Obras:

  • Palabritas, 1918
  • Las mujeres cobardes, 1921
  • Cabezas de mujeres, 1923
  • Mosaico, 1929
  • La grúa, 1931
  • Tizas de colores, 1932
  • La protagonista olvidada (teatro) 1933
  • Cartas a las mujeres argentinas, 1936
  • Nuestro Hombre, 1939
  • Me llamo niebla, 1946
  • A Buenos Aires le falta una calle, 1953
  • Obras completas (1958)
  • Chiesino : 1925-1975 (1975)
  • La vida de pie, Libros de la Ballena, Madrid 2018.

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