10 de noviembre ~ “Día de la Tradición”

¿Por qué se celebra el Día de la Tradición en la Argentina?

Todos los 10 de noviembre homenajeamos las bases de la argentinidad.

Tradición proviene del latín “tradere”, significa donación o legado. Abarca el conjunto de costumbres que suelen transmitirse de generación en generación.

Cuando hablamos de Tradición, lo hacemos de aquello que nos legaron nuestros antepasados. Eso es lo que tenemos como integrantes de un pueblo, como miembros de una sociedad, como parte de una región unida por historia, el gran acervo de música, comidas, juegos, actividades, cultura popular y costumbres. Eso es, en suma además, lo que nos identifica de otros.

Se recibe el legado de los predecesores y, a la vez, se aporta lo propio y lo actual. De esa manera se forma la cultura popular y se forja un grupo de costumbres que hacen distintas a las regiones culturales que, hay que tener en cuenta, no se condicen con los límites geográficos.

No es un día más el Día de la Tradición, ya que al mencionar esta palabra celebramos nuestra propia identidad.

El «Día de la Tradición» recuerda el nacimiento del escritor y periodista José Hernández, autor de El Gaucho Martín Fierro, poema de género gauchesco que se convirtió en una pieza literaria consagrada del folclore argentino, y fue traducido a numerosos idiomas.

Se celebra el natalicio del poeta José Hernández, autor del clásico gauchesco Martín Fierro, este se produjo el día 10 de noviembre de 1834, en lo que era la chacra de su tío Don Juan Martín de Pueyrredón, antiguo Caserío de Pedriel, hoy convertida en el Museo José Hernández. Esta chacra o casa de Pueyrredón fue construída en 1831, lo que antiguamente conformaba el Caserío de Pedriel se emplaza en Villa Ballester, más precisamente en la calle Presbítero Carballo 5042, ex Pasaje 111, en pleno corazón del partido General San Martín.

La celebración del “Día de la Tradición”, instaurada cada 10 de noviembre, se hizo oficial en 1939, cuando el Congreso aprobó la Ley Nro. 4756, cuyo autores –Edgardo J. Míguenz y Atilio Roncoroni– reconocieron el pedido de la Agrupación Bases, que expresaba las ideas del periodista y poeta costumbrista Francisco Timpone, para homenajear y celebrar las tradiciones gauchas en la Provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, fue más tarde con la Ley Nacional Nro. 21.154 de 1975, cuando ya de forma definitiva se consagró aquella fecha conmemorativa para todo el territorio argentino.

José Hernández, su vida

Nació el 10 de noviembre de 1834, hijo de don Rafael Hernández y de doña Isabel Pueyrredón. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político.

En 1843, cuando su madre falleció, su padre lo llevó a vivir al campo por recomendación médica. En el entorno campestre tomó contacto con gauchos. Allí conoció sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje y su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana.

En marzo de 1857, poco después de fallecer su padre, se instaló en la ciudad de Paraná, donde –el 8 de junio de 1859– contrajo matrimonio con Carolina González del Solar. Tuvieron siete hijos.

Inició su labor periodística en el diario «El Nacional Argentino», con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato de Vicente Peñaloza.

Se desempeñó como diputado y, luego, como senador de la provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La Plata y, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país.

En 1869 fundó el diario «El Río de la Plata», en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, órgano del Partido Reformista; El Argentino, de Paraná, y La Patria, de Montevideo, Uruguay.

En el orden militar actuó en San Gregorio, en El Tala e intervino en las batallas de Pavón y de Cepeda. Luchó además junto a López Jordán en Entre Ríos.

Vivió en Brasil, también en Entre Ríos y Rosario, y en Montevideo (Uruguay). En 1870, al fracasar una revolución, tuvo que volver a Brasil. Dos años después, gracias a una amnistía que frenó la violencia, pudo volver a su país.

El 28 de noviembre de 1872, el diario La República anunció la salida de «El gaucho Martín Fierro» y, en diciembre, lo editó la imprenta La Pampa.

Canto I:

Aquí me pongo a cantar 
al compás de la vigüela, 
que el hombre que lo desvela 
una pena estrordinaria 
como la ave solitaria 
con el cantar se consuela.

Pido a los santos del cielo 
que ayuden mi pensamiento: 
les pido en este momento 
que voy a cantar mi historia 
me refresquen la memoria 
y aclaren mi entendimiento.

Vengan santos milagrosos, 
vengan todos en mi ayuda, 
que la lengua se me añuda 
y se me turba la vista; 
pido a mi Dios que me asista 
en una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores, 
con famas bien otenidas, 
y que después de alquiridas 
no las quieren sustentar. 
Parece que sin largar 
se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa 
Martín Fierro ha de pasar; 
nada lo hace recular 
ni las fantasmas lo espantan, 
y dende que todos cantan 
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir, 
cantando me han de enterrar, 
y cantando he de llegar 
al pie del Eterno Padre; 
dende el vientre de mi madre 
vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua 
ni me falte la palabra; 
el cantar mi gloria labra 
y, poniéndome a cantar, 
cantando me han de encontrar 
aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo 
a cantar un argumento; 
como si soplara el viento 
hago tiritar los pastos. 
Con oros, copas y bastos 
juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao, 
mas si me pongo a cantar 
no tengo cuándo acabar 
y me envejezco cantando: 
las coplas me van brotando 
como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano 
ni las moscas se me arriman; 
naides me pone el pie encima, 
y, cuando el pecho se entona, 
hago gemir a la prima 
y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo 
y torazo en rodeo ajeno; 
siempre me tuve por güeno 
y si me quieren probar, 
salgan otros a cantar 
y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la güeya 
aunque vengan degollando; 
con los blandos yo soy blando 
y soy duro con los duros, 
y ninguno en un apuro 
me ha visto andar tutubiando.

En el peligro, ¡qué Cristo! 
el corazón se me enancha, 
pues toda la tierra es cancha, 
y de eso naides se asombre: 
el que se tiene por hombre 
donde quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiéndanló 
como mi lengua lo esplica: 
para mí la tierra es chica 
y pudiera ser mayor; 
ni la víbora me pica 
ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje 
en el fondo de la mar; 
naides me puede quitar 
aquello que Dios me dio: 
lo que al mundo truje yo 
del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre 
como el pájaro del cielo; 
no hago nido en este suelo 
ande hay tanto que sufrir, 
y naides me ha de seguir 
cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor 
quien me venga con querellas, 
como esas aves tan bellas 
que saltan de rama en rama, 
yo hago en el trébol mi cama, 
y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan 
de mis penas el relato, 
que nunca peleo ni mato 
sino por necesidá, 
y que a tanta alversidá 
sólo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relación 
que hace un gaucho perseguido, 
que padre y marido ha sido 
empeñoso y diligente, 
y sin embargo la gente 
lo tiene por un bandido.

 

Su éxito entre los habitantes de la campaña lo llevó, en 1879, a continuarlo con «La vuelta de Martín Fierro». En 1881 publicó su obra Instrucción del estanciero.

José Hernández falleció el jueves 21 de octubre de 1886 en su quinta de Belgrano, ubicada en la entonces calle Santa Fe 468 (actual avenida Cabildo)​ a causa de una afección cardíaca —una miocarditis que derivó en un ataque cardíaco. Sus últimas palabras fueron: «Buenos Aires… Buenos Aires…».

Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires. Por su valor histórico, el sepulcro goza de protección jurídica, fue designado monumento histórico nacional.

Obras

  • 1863 Vida del Chacho (Rasgos biográficos del general Ángel Peñaloza)
  • 1867 Los treinta y tres orientales
  • 1872 El Gaucho Martín Fierro
  • 1879 La vuelta de Martín Fierro
  • 1881 Instrucción del Estanciero
  • 1886 Prosas del autor del Martín Fierro (recopilación póstuma)

Homenajes

En la Argentina, el 10 de noviembre se celebra el Día de la tradición, por el día de su nacimiento.

Llevan su nombre una localidad del partido de La Plata, una estación de la Línea D del Subte de Buenos Aires, así como la calle del barrio de Belgrano correspondiente a dicha estación. También lleva su nombre una estación del Ferrocarril General Roca, actualmente en desuso. Además lleva su nombre el colegio José Hernández, ubicado en Villa Ballester, además de otra institución educativa en Florencio Varela.

La cantante Juana Molina tiene una canción llamada «Martín Fierro», en la que interpreta algunos versos de el libro «el gaucho Martín Fierro».

La banda de heavy metal argentino Almafuerte, le rinde homenaje al nombrarlo en su canción «Zamba de resurrección», escrita por Ricardo Iorio y compuesta por Claudio Marciello.

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