Educadores Argentinos: Domingo Faustino Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

15 de febrero de 1811, San Juan – 11 de septiembre de 1888, Asunción Paraguay

Biografía:

Nació en Carrascal, un barrio pobre de la ciudad de San Juan, en una familia muy humilde. Hijo de don José Clemente Sarmiento y doña Paula Albarracín, se crió en lo que el mismo llamaba “La noble virtud de la pobreza”, ya que su padre no tenía trabajo fijo y su madre había instalado un telar en su casa con el que mantenía a su familia. Su partida bautismal lo reconoce como Faustino Valentín: el nombre de Domingo se lo dieron en el seno de su hogar, formado por José Clemente Sarmiento, hombre patriota y emprendedor, y Paula Albarracín, verdadera columna del modesto hogar, construído y luego mantenido gracias a su trabajo y abnegación. “Mi hijo no tomará jamás una azada”, fue la frase brotada por el amor de su padre, cuando su pequeño hijo nació. Fue así como, a la edad de cuatro años, el futuro y gran Presidente de los argentinos empezó el aprendizaje de la lectura, dirigido por su tío el obispo de Cuyo y después capellán del Ejército de los Andes, José Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento.

Sarmiento aprendió a leer de corrido a los cinco años y luego asistió a la escuela de la Patria, donde se destaco rápidamente como alumno. Fue su única educación formal, en adelante se educó solo.

En 1817 ingresó en una modesta escuelita, la “Escuela de la Patria”, donde se distinguió como el alumno más aventajado. Su primer maestro fue Ignacio Fermín Rodríguez, pero quien lo orientó en los momentos decisivos para la formación de su personalidad, dándole a leer libros y enseñándole latín, geografía y religión, fue su tío, el presbítero José de Oro.

Cuando contaba tan sólo quince años. Desde niño demostró pasión por la enseñanza, de la que sería durante toda su vida, un verdadero apóstol. Sembrador de ideales, defendió el futuro de la nacionalidad por el camino de la cultura popular. Fundó escuelas por doquier y extendió las luces del conocimiento a todos los hogares de la República, dejando a la Patria un legado de infinito amor por la niñez y por los libros. A él pertenece esta invocación a nuestra enseña: “La bandera azul y blanca, ¡Dios sea loado!, no ha sido atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra.

En 1826, fundó en San Luis, en San Francisco del Monte de Oro, su primera escuela. A sus alumnos, jóvenes de su misma edad o mayores que él, Sarmiento les contagió el deseo de aprender y su gran amor a los libros. En 1827 trabajó en la tienda de su tía, Ángela Salcedo, en San Juan, y poco tiempo después se trasladó a Chile por asuntos de negocios. En 1830, horrorizado por la actitud de los caudillos, se hizo unitario y se alistó con el grado de ayudante y se incorporó al Batallón del Orden en Mendoza bajo las órdenes de Nicolás Vega, que se había sublevado contra Facundo Quiroga, e intervino en varios encuentros. Derrotadas las fuerzas unitarias en la batalla de Chacón, huyó a Chile acompañado de su padre.

En Chile fue maestro y  en Valparaíso trabajó como dependiente de tienda y en Copiapó y Chañarcillo como minero. Allí enfermó gravemente de tifus y sus compañeros decidieron enviarlo rápidamente a San Juan, pues temían por su vida. Instalado en esa ciudad es protegido por el doctor Antonio Aberastáin y en 1836, una vez que recuperó su salud, fundó la Sociedad Literaria, filial de la Joven Argentina, que era una verdadera logia, en la cual se leían y discutían libros y las ideas más avanzadas de la época.

"El buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño".
Domingo Faustino Sarmiento

Polémico, irónico, mujeriego; amado y odiado por igual este genio sanjuanino, con sus aciertos y errores fue uno de los personajes más importantes de nuestra historia.

Fue maestro, almacenero, escenógrafo, minero, mozo, chacarero, subteniente de milicias, escritor, periodista, senador, ministro, director general de escuelas, sociólogo, diplomático, gobernador, y presidente de la Argentina.

En su primer exilio en Chile, a los 20 años, tuvo una hija, Ana Faustina (que se casó con Julio Belín y tuvo un hijo, Augusto Belén Sarmiento). Ella lo acompañó en sus últimos días.

En su segundo exilio, escribió en una montaña de la cordillera, en francés, «Las ideas no se matan» en alusión a la persecución despótica que sufría por parte de los caudillos. Ya en Chile, Sarmiento se casó con Benita Martínez Pastoriza, una viuda de la sociedad chilena, y adoptó a su hijo Domingo Fidel, más conocido como Dominguito, que murió en la guerra contra Paraguay.

Cumplida una gran obra como estadista, bajó de la presidencia para entrar al Senado de la Nación y finalizar su honrosa carrera pública con el modesto cargo de Director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires y viejo, sordo, enfermo, siguió escribiendo y hasta su último momento, intervino en la cosa pública. En 1887 viajó a Asunción del Paraguay buscando un invierno más cálido que el de Buenos Aires y allí falleció el 11 de setiembre de 1888 y al enterarse de su muerte, el Vicepresidente de la Nació Carlos Pellegrini dijo: “Sarmiento fue el cerebro más poderoso que haya producido la América y en todo tiempo y en todo lugar, habría podido tender sus alas de cóndor y morado en las alturas”. De él  se ha dicho que como estadista fue más práctico que Bernardino Rivadavia y como periodista más ilustrado que Mariano Moreno. La infausta noticia llegó con retraso a su patria. Las últimas novedades habían confirmado la gravedad de su estado de salud y su muerte conmovió a la Nación. De inmediato se constituyó una comisión para organizar la manifestación pública con motivo de la inhumación de los restos del ilustre estadista, ex presidente de la Nación y talentoso escritor. Los gobiernos de Chile y de Paraguay, y los de las provincias y gobernaciones argentinas, se adhirieron al duelo. Instituciones de todo orden hicieron lo propio.

El prócer murió con serenidad; en afectuosa recordación de su familia, en medio de la mayor pobreza, escaso de recursos, llegando hasta el extremo de lo necesario para pagar los remedios, y más aun, para abonar la asistencia médica. El cadáver fue embalsamado y embarcado en el vapor “San Martín”, que lo condujo a la República Argentina. Todo el pueblo de Asunción, autoridades, intelectuales, escuelas, gente humilde, concurrió al puerto a despedir al ilustre muerto. Con su muerte el país había perdido una de sus figuras más representativas y uno de los entendimientos más penetrantes en materia de gobierno, de educación, de derecho internacional. El 12 de septiembre de 1889 fueron trasladados los restos del ilustre patricio desde el panteón de la Recoleta a la cripta en que definitivamente habían de quedar inhumados. Durante el trayecto llevaron los cordones del ataúd Aristóbulo del Valle, M. Varela, Torcuato de Alvear y  A. Belín Sarmiento. El emperador del Brasil y el Alcalde de la ciudad española de Santiago de Compostela enviaron sendas coronas de flores que llamaron la atención del público, entre otras muchas otras. Al llegar a la cripta habló el doctor Varela y el doctor Aristóbulo del Valle dijo: “Su obra literaria vivirá en América mientras se hable en ella la lengua española”. Posteriormente concurrieron al lugar las alumnas de todas las escuelas de la capital para colocar flores. En diciembre de 1899 el intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires acompañado del presidente de la Nación General Julio A. Roca y de varios legisladores nacionales, eligieron en el parque Tres de Febrero de la ciudad el sitio para la estatua a Domingo Faustino Sarmiento.

Maestro de escuela, dependiente de comercio, mayordomo de mineros, periodista, escritor fecundo, “boletinero” del Ejército Grande, autor de textos escolares, viajero infatigable, jefe del Departamento de Escuelas, Senador, Ministro del General Bartolomé Mitre, Auditor de Guerra, Gobernador de su provincia natal, Director de Guerra en las provincias de Cuyo, Ministro plenipotenciario en los Estados Unidos, creador de la Escuela Naval y del Colegio Militar de la Nación, General del Ejército Argentino y presidente de la República, todo lo fue, por su personalidad desbordante y su capacidad genial. En su memoria, en toda América, el día de su muerte, se conmemora el Día del Maestro (11 de septiembre).

Las obras completas que nos ha dejado Sarmiento, suman 51 volúmenes incluyendo biografías, apuntes de viaje, narraciones, obras sobre educación y sociología, artículos, crónicas de libros y de teatro, polémicas, discursos, epístolas, etcétera y fueron publicadas en Buenos Aires por su nieto Augusto Belín Sarmiento. “Hombre de su siglo”, como le ha llamado un autor, su vida fue un ejemplo de acción, energía y trabajo. Fue, por vocación irrenunciable, maestro. Y fue soldado cuando la Patria lo necesitó como tal. Supo enfrentar la vida desde la ocupación más modesta hasta el cargo más encumbrado. Sembrador de ideales, defendió el futuro de la nacionalidad por el camino de la cultura popular.

Fundó Escuelas por doquier y extendió las luces del conocimiento a todos los hogares de la República, dejando a la Patria un legado de infinito amor por la niñez y por los libros. “Vibrante de energías, vivió en lucha permanente con las dificultades y, contradictorio y turbulento, como los rayos en la diestra de Júpiter, cayó por tierra a veces y se levantó más enhiesto para seguir luchando y vencer, hasta vencerse a sí mismo, que es el más noble de los triunfos”. Sarmiento fue en nuestro país el hombre más injustamente denigrado y calumniado. La frase que repitió con obstinada paciencia durante toda su vida fue “Educar al soberano” (el pueblo) y por ello luchó denodadamente.

Decidió ser maestro en todos los órde­nes de la vida. Mostró con el ejemplo que no había oficio desdeñable: siendo Gobernador de San Juan encaló personalmente su casa; plantó mimbres en el Delta y enseñó a los isleños a hacer cestos para colocar la fruta. Sonreía desdeñosamente cuando oía que se le tildaba de extranjerizante y siguió trayendo sabios y maestros de Europa y Estados Unidos. Consideraba que todos tenían las mismas necesidades y aspiraciones; había que difundir los valores humanos dentro de un régimen democrático. Propugnó la educación de la mujer para me­jorar su posición en el hogar y la sociedad. Merced a que la acción de Sarmiento abarcó todos los ámbitos del saber, la Argentina pudo mantener un diálogo con los países más adelantados del mundo. Refiriéndose a Sarmiento escribió Unamuno:“criollo que en el campo de la literatura marcó la mayor genialidad, el escritor americano de lengua española que hasta hoy se nos ha mostrado con más robusto y poderoso ingenio y más fecunda originalidad”.

Obras literarias:

  • Mi defensa, 1843.
  • Facundo o Civilización y Barbarie, 1845. Es su obra principal y una de las encumbradas de la literatura latinoamericana.​ La primera traducción al inglés, la hace Mary Mann, aparecida en 1868.
  • Vida de Aldao, 1845.
  • Método gradual de enseñar a leer el castellano, 1845.
  • Viajes por Europa, África y América, 1849; Autobiográfica.
  • De la educación popular, 1849.
  • Argirópolis, 1850.
  • Recuerdos de provincia, 1850; Autobiografía.
  • Campaña del Ejército Grande, 1852.
  • Las ciento y una, 1853; serie de epístolas dirigidas a Juan Bautista Alberdi.
  • Comentario a la Constitución de la Confederación Argentina, 1853.
  • Memoria sobre educación común, 1856.
  • El Chacho, 1865; sobre el caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza.
  • Las escuelas, bases de la prosperidad, 1866.
  • La infancia y educación de Abraham Lincoln, 1873.
  • Conflicto y armonías de las razas en América, 1883.
  • Vida de Dominguito, 1886; sobre su hijo adoptivo, muerto en la Guerra de la Triple Alianza.

Monumentos:

Muchos monumentos se han levantado en honor a Domingo Faustino Sarmiento, tanto en Argentina como en el exterior.

  • Monumento en el Parque Tres de Febrero, Buenos Aires, de Auguste Rodin, inaugurado para el Centenario Argentino.
  • Ofrenda Floral a Sarmiento, de Émile Edmond Peynot, en El Rosedal, Buenos Aires.
  • Monumento en su ciudad natal, San Juan.
  • Busto en el pueblo de Lucio Vicente López, Argentina.
  • Monumento en Lima, Perú; fue donado por la ciudad de Buenos Aires
  • Monumento en Boston, Estados Unidos.
  • Ladrillos de la primera escuela que fundó, en la provincia de Buenos Aires
  • Busto en la localidad de Villa San Agustín, en Valle Fértil, San Juan, Argentina.
  • Retrato esculpido en la Sierra de Marquesado, en San Juan
  • Monumento a Sarmiento en Caucete, San Juan
  • Monumento en Boston, Massachusetts
  • Monumento en la plaza Mitre o Plaza San Miguel, Buenos Aires.

Obras son amores… no palabras:

* Como gobernador de su provincia natal, decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. Fundo el primer colegio de Niñas de San Juan.

* Organizo la primera escuela de magisterio de Sudamérica.

* Como presidente de la Nación elevo la población escolar de 30.000 a 100.000 alumnos.

* Fundó unas 800 escuelas primarias.

* Fundó los Colegios Nacionales de la Rioja, Santa Fe, San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Corrientes y Rosario.

* Creó la Academia de Ciencias Naturales en Córdoba, la Escuela Normal de Paraná (contrató maestros extranjeros), el Cursos de ingeniería y minas en San Juan y Catamarca, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y la carrera de Agronomía en Buenos Aires.

* Organizó la Biblioteca Nacional de Maestros y sancionó la ley de Bibliotecas Populares contando, en 1874, con 140 sedes en todo el país, y 35.000 ejemplares en circulación.

* Fundó el Observatorio Astronómico de Córdoba, la Oficina Meteorológica Nacional en Córdoba, y en la misma provincia la Primera Exposición Nacional de maquinaria agrícola e industrial.

* Creó el Boletín Oficial, la Contaduría Nacional, el Registro Nacional del Departamento de Agricultura, el Asilo de Inmigrantes, la Oficina de Estadística y el Museo de Ciencias Naturales en Buenos Aires.

* Se emitió el primer sello postal nacional, se nacionalizaron los correos provinciales y se adoptó oficialmente el Sistema Métrico.

* Promovió la formación profesional de las fuerzas armadas fundando la Escuela Naval y el Colegio Militar.

* La red ferroviaria, pasó de 573 kilómetros en 1868 a 1.331 en 1874

* Se tendieron 5.000 kilómetros de líneas telegráficas. Y en 1874 inauguró el cable transoceánico.

* Encargó la reforma del puerto y se habilitaron los puertos de San Pedro y de Zárate y se estableció la Colonia de Chubut.

* Instaló el primer servicio de tranvías y proyectó en Palermo el Jardín Botánico y el Jardín Zoológico.

* Llegaron al país bajo su presidencia alrededor de 280.000 inmigrantes.

* Creó el Banco Nacional

* Fundó el periódico El Zonda y la revista El monitor de la educación común.

* De su obra literaria, publicó 52 libros, se destacan: Facundo, Recuerdo de Provincia, Viaje, Vida de Dominguito, Educación Popular; Método de lectura gradual.

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