Educación en el Virreinato del Rio de la Plata

La instrucción pública en la época de la colonia.

En los tiempos iniciales de la conquista se descuidó mucho la instrucción, porque los españoles que venían a América no eran precisamente las gentes más cultas de la península y, sobre todo, por las dificultades que se oponían a la fundación de escuelas: la escasez de libros, lo heterogéneo de los elementos a educar y la falta de libertad para enseñar, por los prejuicios sociales y políticos que impedían la difusión de las ideas liberales. Para la enseñanza primaria no había maestros, y se improvisaban con esclavos enseñados para ese objeto, llegando algunos a desempeñarse bien en el cargo. De forma general, la educación elemental también dependía de los ‘preceptores’, maestros que trabajaban por su cuenta o con subsidios muy precarios, cuya remuneración principal (la ‘pensión’) provenía de la cuota mensual pagada por cada alumno, lo que generaba una gran inestabilidad en la calidad y continuidad de la enseñanza.

A diferencia de otras poblaciones del nuevo continente, Garay en 1580, no trajo maestros para la fundación de Santa María de los Buenos Ayres, a pesar de que desde España llegaba la orden de que los indígenas aprendieran la doctrina cristiana y modificaran su conducta adquiriendo hábitos de civilización. Según la Real Cédula de 1503 los sacerdotes debían enseñar a leer, escribir y el cristianismo. A tal fin debían:

[…] hacer una casa donde dos veces por día se juntasen los niños de cada población, y el
sacerdote les enseñase a leer, escribir y la doctrina cristiana con mucha caridad […] 
(Puigrós.2002: 23)

Con el fin de encauzar a los indígenas americanos por las vías de la civilización, se crearon las «Escuelas de Caciques», en las que se enseñaba el idioma castellano a los jefes indios. De igual modo, la labor educativa de los hijos criollos del conquistador, y más tarde del colonizador, estuvo casi por entero bajo la responsabilidad de las órdenes religiosas.

LA ESCUELA PRIMARIA.

Es por este motivo que las primeras escuelas funcionaron en los conventos y luego en los Cabildos. Es de destacar que esta enseñanza no estaba dirigida solamente a los varones. Según las fuentes consultadas, para el año 1552, la Junta de Prelados de Lima recomendaba la enseñanza de la escritura, lectura, cálculo y catolicismo.

Años después, en 1572 una Cédula Real de Felipe II ordenó que se debía nombrar maestros en todos los pueblos. Como la intención era evangelizar a los niños, las órdenes religiosas que llegaban con los conquistadores se hicieron cargo de ello y, a medida que inauguraban conventos, establecían una escuela. Como plantea Solari (1991:12), fueron los dominicos, agustinos, franciscanos, mercedarios y jesuitas, que durante trescientos años dirigieron intelectualmente las colonias.

La primera escuela que fundaron fue la de Santa Fe, en 1610; más tarde se fueron sucediendo otras en los más importantes centros de población: Buenos Aires, Corrientes, Tucumán, Córdoba, Santiago del Estero, San Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca.

La Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo y su Colegio de Huérfanas en Buenos Aires.

Entrados los años 1700 varias epidemias habían asolado al Río de la Plata, los entierros que realizaba la Iglesia eran caros y esta situación produjo que el Hueco de las Ánimas estuviera atestado de cuerpos insepultos. A causa de las masivas muertes que arrojó el tabardillo (tifus), el presbítero Juan Alonso González y Aragón (1687-1768) funda, el 16 de Diciembre de 1727, la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo para dar sagrada sepultura a los cadáveres de los indigentes. Por su lado, el Obispo Pedro de Fajardo, le entregó a la Hermandad una imagen de San Miguel. Es así que se erigió la capilla de San Miguel Arcángel con un oratorio a Nuestra Señora de los Remedios y, al lado, el primer cementerio para pobres; pero en 1741 el Obispo Peralta prohíbe los entierros gratuitos realizados por la Hermandad.
Sin funciones que cumplir, el Hermano Mayor Álvarez Campana, junto con el sacerdote José González Islas –hijo del fundador y el más importante continuador de la obra-, el 21 de septiembre de 1755 proponen la creación del Colegio de Huérfanas. Sin cuerpos para enterrar se le encomendó una nueva tarea a la Hermandad:

[…] La institución consiguió en ese momento donaciones por $22.000 para que se instalaran las primeras doce huérfanas, con una directora y tres maestras, el capellán González y un administrador. Allí se enseñaba a realizar la «labor de costuras y demás oficios necesarios para el sustento de la casa» y las alumnas cumplían también con algunas funciones caritativas, como el dar de comer a las enfermas del hospital, todo ello mechado con pláticas y ejercicios espirituales. Con el correr del tiempo el establecimiento empezó a recibir también pupilas «de las primeras familias bonaerenses» y se abrió una escuela externa. Fuera de esto […] «el colegio era una mezcla de todo: si una mujer reñía con su marido la depositaban allí; si una niña se quería casar contra el gusto de sus padres, allí se depositaba». […] (Di Stefano… 2002: 37)

Esto último nos muestra que no solamente se educaba en la fe, sino que también servía de correctivo para aquellas niñas sediciosas. Podían ingresar toda clase de mujeres y es necesario tener en cuenta que “Niñas Huérfanas” era sinónimo de “Mujeres
Desamparadas”. Una vez que ingresaban se iniciaba el ritual que consistía en cortarles el cabello, vestirlas con una túnica y una toca y permanecer en el encierro. De este modo se intentaba mantener a las niñas alejadas del contacto con los hombres con la finalidad de apartarlas de cualquier mal. Ya que no debían ser vistas, las niñas del coro entonaban detrás de una celosía, se les enseñaba a cantar y ejecutar el órgano. Como destaca Miguens: «el bello sexo no tiene más que una escuela pública […] que la que se llama de San Miguel».

La Real Casa de Niñas Nobles Huérfanas en Córdoba

Por otro lado, en 1780, llega designado por el Rey Carlos III, Fray José Antonio de San Alberto como el nuevo Obispo de la Provincia de Córdoba del Tucumán.
A los dos años de su arribo, el 21 de Abril de 1782, inauguró la Real Casa de Niñas Nobles Huérfanas o Colegio de Niñas Educandas. En este hogar-escuela se aunaban niñas huérfanas, señoritas de la sociedad cordobesa y niñas mulatas y pardas. Era administrado por beatas que dieron origen a lo que luego fueron las Hermanas Terciarias Carmelitas de Santa Teresa de Jesús. A esta forma de educación se la reconoce como la primera manifestación de la educación femenina y pluralista en el territorio del Río de la Plata.

Con respecto al Colegio de Huérfanas de Buenos Aires, a partir del 1° de Julio de 1822, con la Reforma Eclesiástica la Hermandad finaliza sus funciones y se confiscan sus bienes. A partir del 2 de Enero de 1823 la nueva Sociedad de Beneficencia se hizo cargo de las mujeres pobres, huérfanas, enfermas y de los niños expósitos. Por su lado, y ya en el siglo XX, la Iglesia Arcángel San Miguel sufrió la destrucción de los viejos registro, archivos, documentos e imágenes durante la quema de iglesias del 16 de Junio de 1955.
Además en el año 2000 fue clausurada ya que el edificio se encontraba en peligro de derrumbe, pero se la restauró y reabriendo sus puertas el 28 de Septiembre de 2008. A su vez en el terreno donde se encontraba el viejo cementerio y el Colegio
de Huérfanas se construyó la actual Plaza Roberto Arlt inaugurada en 1971. Para el año 2000 se iniciaron obras arqueológicas y las excavaciones sacaron a la luz el cuerpo de 13 personas que se suponen que serían de algunos de los pobres o ajusticiados sepultados por la Hermandad, también se descubrieron una bóveda de ladrillo, desagües, restos de herraduras, y vajilla. Muy distinto destino marcaron a estas dos instituciones: si en Buenos Aires sólo quedan restos y la Iglesia, la Casa de Niñas Pobres y Huérfanas en Córdoba continúa funcionando, al igual que el Colegio de Santa Teresa de Jesús y el Instituto de Hermanas Carmelitas. También se conserva el Museo y el Archivo de la Congregación manteniendo el estilo de aquella época. Se encuentra abierto al público y es administrado por las hermanas y la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba.

El primer maestro de todo el territorio nacional fue el español Pedro de Vega,
quien comenzó a ejercer en en año 1577, en Santa Fe, 5 años después de su fundación.

Había tres clases de escuelas primarias:

* Religiosas: llamadas escuelas conventuales porque funcionaban anexas a los conventos.

* Laicas: eran las fundadas por los cabildos y que se sostenían con el tesoro público. Había otras llamadas «escuelas del rey» destinadas a instruir a los pobres.

* Particulares: a ellas concurrían los niños de familias pudientes, mediante el pago de una cantidad mensual.

El virreinato contó asimismo con dos universidades: la de Córdoba y la de Charcas, siendo ésta la preferida por los estudiantes por su Facultad de Jurisprudencia.

Niveles educativos:

* Primeras letras: Escuelas para aprender a leer, escribir, rezar y realizar cálculos básicos.

* Estudios menores: Niveles superiores para aprender latín y cultura clásica, preparatorios para la universidad.

* Estudios mayores: Educación universitaria centrada en teología, filosofía, derecho y moral, principalmente para la élite. 

 

Lo principal en la educación de los niños era la doctrina cristiana, que se repetía tantas veces como fuera necesario para que la aprendieran en profundidad. Sólo en segundo lugar, aprendían letras y ciencias. Los niños concurrían a clase separados de las niñas, y los hijos de los caciques, separados de los hijos de campesinos, aprendían español y latín.

La educación de las niñas estaba muy descuidada, enseñándoseles sólo lo indispensable.

Tanto las niñas como los niños cursaban la escuela desde los siete hasta los doce años de edad; mientras los niños aprendían a leer y escribir y artes; las niñas aprendían a leer, escribir, hilar y cocinar.

Instituto Santa Teresa de Jesús

La «Real Casa de Niñas Nobles huérfanas y educandas» fue fundada en 1782 en la provincia de Córdoba, por el Obispo José Antonio de San Alberto, como la primera institución que brindó educación sistemática a la mujer en todo el Virreinato del Río de la Plata. Para llevar adelante esta misión Fray José convocó a un grupo de mujeres, que bajo un régimen de vida comunitaria llevara adelante la obra, constituyendo así los inicios de la Congregación de Hermanas Carmelitas de Santa Teresa de Jesús.

Desde hace 237 años, esta casa se alza humildemente como un faro, guiando con su luz a incontables generaciones, sembrando la semilla del amor y la misericordia, continuando en la historia el anuncio del Reino de Dios.

La escuela más antigua de la provincia de Buenos Aires

La Escuela de Educación Primaria N° 1 “Bernardino Rivadavia”, ubicada en Capilla del Señor, Exaltación de la Cruz, es la más antigua de la provincia de Buenos Aires, ya que se fundó el 3 de octubre de 1821 con el nombre de «Escuela Elemental de Varones».

Su nombre es en homenaje al ministro que refrendó el decreto en virtud del cual se dispuso su fundación, y en la actualidad está apadrinado por el ARA Rompehielos Almirante Julián Irizar, en honor al marino nacido en este pueblo y que en algún momento pasó por sus aulas. El edificio original se ubicaba en el solar donde se erige el actual Palacio Municipal.

La educación en el interior del país

En 1826, el fraile José de Oro y su sobrino Domingo Faustino Sarmiento llegaron a la villa de San Francisco del Monte de Oro. Allí, a instancias de su tío, Sarmiento fundó su primera escuela. Los siete alumnos iniciales eran mayores que el maestro, quien sólo contaba quince años de edad. Se trata de una modesta construcción de muros de adobe, techada con torta de paja y barro sobre envigado de madera; como único complemento, la prolongación del alero forma un sencillo corredor apoyado en rústicos troncos.

Primer Colegio con internado para mujeres en Buenos Aires.

El 16 de julio de 1827 se abrió el primer Colegio con internado para mujeres en Buenos Aires. Se llamó “Colegio Argentino” y estaba en la calle Florida nro 107. Sus directoras eran Fanny de Morá y Melania de Angelis, las cuales en el anuncio de apertura explicaban que la escuela estaba destinada a la educación de las jóvenes de familia acomodada. Además, afirmaban que las intenciones de la escuela eran formar «buenas hijas, buenas esposas y buenas madres» de acuerdo con el papel que la sociedad de la época otorgaba a las mujeres. Los buenos modales y el «arte de agradar» eran parte fundamental de la educación impartida. El aviso aclaraba que las primeras alumnas que se presentaran tendrían la ventaja de poder elegir su habitación.

Se asociaron para fundarlo la francesa Melanie Dayet, institutriz en su tierra natal, quien ancló en el Río de la Plata acompañando a su marido, el diplomático y periodista napolitano Pietro de Ángelis, y su coterránea Françoise Delauneaux (-Fanny-), esposa del escritor gaditano José Joaquín Mora. La prensa saludó con alborozo el emprendimiento; la Gaceta Mercantil ponderó “las lecciones ordinarias y extraordinarias que reciben las alumnas, muchas de las cuales han salido de una vida indolente y desocupada para adquirir los hábitos más favorables al desarrollo de sus facultades intelectuales”. Pero la ilusión duró poco: transcurrido un año Fanny y Melania encontraron opciones más redituables y cerraron el colegio. Aquéllos que se habían deslumbrado ante los oropeles de cultura que exhibían las viajeras pudieron comprobar que éstas no vacilaban en abandonar a sus alumnos de un día para el otro ante una oferta mejor. Cerraron sus puertas y en el año 1829 ya no ocupaba la casona de la calle Florida.

La primera escuela:

En su libro «Tradiciones Argentinas», Pastor Obligado describe lo que era una escuela acreditada en Buenos Aires entre 1840 y 1860: «En la calle Representantes (actual Perú), en la casa que lleva el número 463, habían establecido tres beneméritas damas (las hermanas misia Margarita, Inés y Eulogia Rodriguez) un colegio mixto donde se enseñaba a leer y escribir con cartillas, pizarritas y papel pautado. En la aritmética, las cuatro reglas bien aprendidas marcaban el límite sumo, la gramática y el dibujo como asignatura de adorno».

¿Sabías que en 1885 se creó la primera escuela para niños sordos en nuestro país? 🫶
Se llamó «Regeneración» y la dirigía el maestro alemán Carlos Keil.
Por esta razón, todos los 19 de septiembre se celebra el día de las personas sordas argentinas. 🇦🇷

La escuela primaria froebeliana

En febrero de 1870, Juana Manso funda el primer jardín de infantes subvencionado por el Estado en la Ciudad de Buenos Aires, en el que se introduce el método froebeliano. Es esta mujer de fuertes convicciones quien plantea a sus contemporáneos la importancia de la educación mixta, de los jardines de infantes, del aprendizaje placentero y el recreo. Juana era educadora, escritora; para la época, una revolucionaria, una provocadora. Fue desprestigiada por la sociedad y sufrió acusaciones y persecuciones de todo tipo. Sarmiento la apoyaba incondicionalmente y la alentaba a seguir con su utopía.

Historia de la fundación de las Escuelas de Ambos Sexos en Buenos Aires, Juana Manso, Anales, 1867

La primer Escuela mista que se organizó en Buenos Aires en 1859 me fué confiada con el nombre de Escuela primaria para ambos sexos nº 1. Situóse en la parroquia de Monserrat calle del Buen Orden núm. 123, y fué dotada de todos los útiles que podian realzarla, si bien no habian en el Departamento de Escuelas todos los aparatos necesarios. Pero, permitiéndolo el piso de tabla, fué dotada con preciosas bancas de guindo y piés de hierro y un magnifico escritorio de maestro, mapas mudos de Cornells, mapas de música y un gran mapa de historia natural.

Como la escuela no 1 era de pura esperimentacion consintióseme introducir varios ramos, tales como idiomas, lecciones orales, dibujo lineal y por los cartones de Coe.

Desde un principio la llave de la enseñanza para mí, era la pizarra grande.—Allí la escritura, el dibujo, la aritmética. Despues se introdujo el canto, tan conveniente para la alegria, disciplina y diversion de los niños.

Donde apenas cabian setenta niños, habia tenido que recibir 122, por no poder rehusar la admision y por que siempre que consultaba al Departamento, se me contestaba: reciba todos los que vengan.

El local de la escuela constaba de una sala de 8 varas por 5 de ancho, otra antesala de seis por cinco de ancho, y otro dormitorio de cinco varas cuadradas.—A pesar de tener mi asiento en un ángulo del salon desde donde podia vigilar los otros cuartos, habia muchos niños que escapaban á mi inspeccion y la ayudanta no rera de mi satisfaccion. Allí permaneció la escuela dos años menos 12 dias, y habiendo exigido el dueño su casa, fuimos á parar á la parroquia de la Concepcion en casa cuyo piso de baldosa no permitia clavar los muebles de la escuela; la mudanza de esta, que costó quinientos pesos, se hizo á mi costa y nadie hasta hoy me ha embolsado aquel gasto, no obstante que el cambio de local de las escuelas es un gasto del Erario, que no debe ni puede pesar sobre el mezquino sueldo del preceptor. Yo tenia en aquel tiempo 600 pesos de sueldo. –

La escuela mudada á la calle de Estados-Unidos nº 314 perdió no solo alumnos que se recuperaron despues, sino ventajas materiales del local.

Los techos eran bajos, y a pesar de conservar constante ventilacion sentíase á veces el aire pesado. En esos momentos hacia yo despejar la clase y abrir puertas y ventanas por diez minutos.

En ese local permanecimos cinco meses, pagando yo de mi bolsillo la cantidad de trescientos pesos mensuales de excedencia de alquiler. En Diciembre de 1861 volvimos á mudar la Escuela á la calle de la Independencia 307 á local mas cómodo, aun cuando el piso era peor por ser de ladrillo, lo que habia aflojado todo el tren. La casa no obstante era bien ventilada y espaciosa.

Juana Manso ((Ortografía textual))

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