Día de la Tradición (10/11)

Se celebra en conmemoración del natalicio del poeta José Hernández, autor del clásico gauchesco Martín Fierro. Este se produjo el día 10 de noviembre de 1834, en lo que era la chacra de su tío Don Juan Martín de Pueyrredón, antiguo Caserío de Pedriel, hoy convertida en el Museo José Hernández. Esta chacra o casa de Pueyrredón fue construída en 1831, lo que antiguamente conformaba el Casería de Pedriel se emplaza en Villa Ballester, más precisamente en la calle Presbítero Carballo, ex Pasaje 111, al 5042, en pleno corazón del partido General San Martín.


¿Como surge hacer de este día una conmemoración de la Tradición?
Todo comienza el 13 de diciembre de 1937, cuando durante una reunión de la Agrupación Bases de la ciudad de La Plata, Francisco Pancho Timpone, escritor costumbrista nadico en Ayacucho el 28 de septiembre de 1890 y miembro de esta agrupación que rendía homenaje a Juan Bautista Alberdi, Francisco propone impulsar el día que nació José Hernández, como Día de la Tradición.

Años más tarde, se presenta una nota el 6 de Junio del año 1938, al Senado de la Provincia de Buenos Aires, y por unanimidad se declara la ley Nº 4756 / 39, que se promulgaría al año siguiente el 18 de agosto de 1939.

Con esta ley, que cuenta con la autoría de Edgardo J. Míguenz y Atilio Roncoroni, se ponen en vigencia dos hitos:

  • La celebración a nivel provincial, en toda la Provincia de Buenos Aires del 10 de Noviembre como Día de la Tradición.
  • La peregrinación a San Antonio de Areco, concretamente el Museo Gaucho Ricardo Güiraldes.

Luego hacia el año 1975, el Congreso de la Nación hace extensiva la conmemoración a toda la República Argentina, con la Ley Nacional número 21154 y además se anexa la declaración de la Ciudad de San Martín como ciudad de la Tradición por encontrarse allí la casa donde naciera José Hernández que como mencionábamos es hoy el Museo de mismo nombre.

 

En este día afloran al máximo las costumbres, valores y creencias que compartimos entre todos los Argentinos, es esta tradición que llevada de generación en generación nos hace tener una identidad propia y así mismo considerarnos tradicionalmente Argentinos, celebremos así el Día de la Tradición, que también deberíamos enaltecer un poquito cada uno de los días del año, sin esperar al 10 de Noviembre, por eso compartamos unas líneas de aquel legado que nos dejó José Hernández, dentro de estos versos del Martín Fierro:

Canto I:

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estrordinaria
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento:
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria
y aclaren mi entendimiento.

Vengan santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista
en una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,
con famas bien otenidas,
y que después de alquiridas
no las quieren sustentar.
Parece que sin largar
se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni las fantasmas lo espantan,
y dende que todos cantan
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando he de llegar
al pie del Eterno Padre;
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua
ni me falte la palabra;
el cantar mi gloria labra
y, poniéndome a cantar,
cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo
a cantar un argumento;
como si soplara el viento
hago tiritar los pastos.
Con oros, copas y bastos
juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,
mas si me pongo a cantar
no tengo cuándo acabar
y me envejezco cantando:
las coplas me van brotando
como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y, cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo
y torazo en rodeo ajeno;
siempre me tuve por güeno
y si me quieren probar,
salgan otros a cantar
y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la güeya
aunque vengan degollando;
con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros,
y ninguno en un apuro
me ha visto andar tutubiando.

En el peligro, ¡qué Cristo!
el corazón se me enancha,
pues toda la tierra es cancha,
y de eso naides se asombre:
el que se tiene por hombre
donde quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiéndanló
como mi lengua lo esplica:
para mí la tierra es chica
y pudiera ser mayor;
ni la víbora me pica
ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje
en el fondo de la mar;
naides me puede quitar
aquello que Dios me dio:
lo que al mundo truje yo
del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro del cielo;
no hago nido en este suelo
ande hay tanto que sufrir,
y naides me ha de seguir
cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor
quien me venga con querellas,
como esas aves tan bellas
que saltan de rama en rama,
yo hago en el trébol mi cama,
y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan
de mis penas el relato,
que nunca peleo ni mato
sino por necesidá,
y que a tanta alversidá
sólo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.

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